{"id":508,"date":"2020-06-24T12:35:20","date_gmt":"2020-06-24T17:35:20","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=508"},"modified":"2020-06-25T09:17:37","modified_gmt":"2020-06-25T14:17:37","slug":"la-mujer-del-trapecio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/la-mujer-del-trapecio\/","title":{"rendered":"La mujer del trapecio"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mientras el sol se pon\u00eda, interpretando su ritual de despedida, Ang\u00e9lica sali\u00f3 a comprar pan para el lonche como todos los d\u00edas. Se conoc\u00eda de memoria el trayecto de su casa a la panader\u00eda y hubiera podido hacerlo con los ojos vendados. Por lo tanto, no prest\u00f3 mucha atenci\u00f3n a los carteles anaranjados con los que hab\u00edan tapizado el pueblo por la ma\u00f1ana. Estaban por todos lados: en los postes de la electricidad, en las paredes de las casas, en las vitrinas de las tiendas. Caminaba al ras de la vereda, colocando los pies en fila india para recorrer una l\u00ednea de hormig\u00f3n en relieve. Con cuidado y destreza, se concentraba para no perder el equilibrio y abr\u00eda los brazos como un \u00e1guila lista para el despegue. Imaginaba estar al borde de un barranco o rodeada por una manada de cocodrilos que nadan en aguas turbias y profundas, aguardando para abrir sus fauces y engullirla de un momento a otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Era un juego con el que sol\u00eda entretenerse para condimentar con una pizca de adrenalina sus solitarias caminatas en un pueblo donde, en sus doce a\u00f1os de vida, nunca hab\u00eda ocurrido nada apasionante. A lo mucho, los d\u00edas eran animados por alg\u00fan pleito entre el barbero y el vendedor de peri\u00f3dicos que ten\u00edan sus respectivas bodegas separadas por una \u00fanica y delgada pared. La raz\u00f3n de esas peleas, que se repet\u00edan puntualmente, le escapaba. Alguna vez le hab\u00eda pedido explicaciones a su madre, pero ella le hab\u00eda contestado tajantemente que eran asuntos de mayores, enterrando definitivamente el tema. Sin embargo, no renunciaba al placer de ver a los dos hombres, uno alto y de contextura delgada, el otro m\u00e1s bajo y robusto, gesticular con af\u00e1n frente a todos los curiosos, dirigi\u00e9ndose palabras ofensivas, pero a la vez no exentas de fantas\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">El barbero, el m\u00e1s bajito, meneaba sus tijeras de metal por los aires exclamando: \u201cAc\u00e9rquese un poco m\u00e1s, si tiene el valor, y sus rid\u00edculos bigotes probar\u00e1n el filo de mis tijeras\u201d. A lo que el otro contestaba estirando el cuello para mofarse mejor de su estatura, es decir su punto d\u00e9bil: \u201cTenga cuidado. No vaya a darle un ataque al coraz\u00f3n de tanto saltar para tratar de alcanzarme\u2026 \u00a1Duende panz\u00f3n!\u201d. Entre la muchedumbre que se formaba alrededor de los dos contrincantes, estaba Ang\u00e9lica, quien los vigilaba con ojos destellantes y divertidos. Le parec\u00eda asistir a un duelo entre una serpiente (el vendedor de peri\u00f3dicos) y una mantis religiosa (el barbero) disput\u00e1ndose una presa. La tensi\u00f3n aumentaba con cada gesto y cada palabra, mas no desembocaba nunca en actos realmente violentos. El \u00fanico resultado concreto de aquella rivalidad era, por un lado, el hecho de que el quiosquero puntualmente luc\u00eda un corte estrafalario y \u201cvanguardista\u201d, realizado con amor y ning\u00fan talento por su esposa, y por el otro, que el barbero era el \u00faltimo en enterarse de las noticias del d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">De pronto Ang\u00e9lica, sumida en el recuerdo de la \u00faltima confrontaci\u00f3n entre esos dos individuos, oy\u00f3 una m\u00fasica alegre que la distrajo, oblig\u00e1ndola a pisar fuera de la raya y a caerse de la vereda. Felizmente, el b\u00e1ratro y los cocodrilos solo exist\u00edan en su irrequieta imaginaci\u00f3n. La m\u00fasica iba creciendo, las notas se hac\u00edan cada vez m\u00e1s n\u00edtidas, cosquillaban su curiosidad y sus o\u00eddos. Ang\u00e9lica agrand\u00f3 sus ojos color avellana y se puso en posici\u00f3n de espera hasta que vio pasar, muy lentamente, una furgoneta blanca que llevaba un gran meg\u00e1fono amarrado al techo, la fuente de esa extra\u00f1a melod\u00eda. Una voz rasposa y en\u00e9rgica empez\u00f3 a salir por el cono parlante, atrayendo la atenci\u00f3n de los transe\u00fantes y de las ancianas asomadas por las ventanas de sus viviendas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;\u201cSe\u00f1oras y se\u00f1ores, el circo m\u00e1s famoso de las Am\u00e9ricas ha llegado para maravillarlos con n\u00fameros grandiosos de animales ex\u00f3ticos y artistas de todo el continente. El Circo de los Hermanos Zapata abrir\u00e1 su tel\u00f3n a partir de ma\u00f1ana. \u00a1Corran a comprar sus entradas!\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Luego de que, repet\u00eda en bucle el mensaje con palabras id\u00e9nticas o similares. Ang\u00e9lica resisti\u00f3 el impulso de pellizcarse un cachete para comprobar de estar despierta. Nunca imagin\u00f3 que ver\u00eda llegar aquel d\u00eda. Su mam\u00e1 le hab\u00eda contado que hac\u00eda unos a\u00f1os, otro circo hab\u00eda pasado por esa regi\u00f3n olvidada por la modernidad, y que la hab\u00eda llevado a ver el espect\u00e1culo. Pero ella era muy peque\u00f1a para recordarlo y a veces sospechaba que su mam\u00e1 hab\u00eda inventado aquella historia solo para reclamar su atenci\u00f3n, sobre todo cuando a la hora de comer rechazaba lo que le hab\u00edan servido, en especial si se trataba de sopa. Entonces la madre exclamaba con voz astuta y enarcando las cejas: \u201c\u00bfTe he contado de esa vez en que fuimos al circo?\u201d. Y por supuesto que ya se lo hab\u00eda contado un sinf\u00edn de veces, pero Ang\u00e9lica jam\u00e1s se cansaba de escuchar el relato y siempre fing\u00eda un aire sorprendido. Cuando su mam\u00e1 llegaba al punto en que el domador de leones se adentraba en la jaula en medio de las fieras feroces, la ni\u00f1a ya hab\u00eda devorado todo el plato sin ni siquiera darse cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Pero esa furgoneta no formaba parte de un relato, era real. Ang\u00e9lica se estremeci\u00f3 y empez\u00f3 a mirar a su alrededor medio aturdida, como si todo fuera nuevo, como si no acabara de reconocer las calles, los inmuebles, pese a que casi no hab\u00edan mutado durante siglos. Como si el pueblo se hubiese vuelto por arte de magia m\u00e1s interesante y no sintiera tan mal la fatalidad de haber nacido ah\u00ed. Evadi\u00f3 el bullicio que hab\u00eda estallado debido al tr\u00e1nsito de la furgoneta y se puso a correr camino a casa. Mientras corr\u00eda, prest\u00f3 atenci\u00f3n a los carteles que antes hab\u00eda ignorado y que con letras llamativas informaban a la poblaci\u00f3n sobre la apertura del circo. Retrataban la imagen de un elefante, un tr\u00edo de jirafas y un par de camellos. De pasada, Ang\u00e9lica despeg\u00f3 uno de los volantes y cuando irrumpi\u00f3 a trav\u00e9s de la puerta de la cocina, donde la mesa ya estaba puesta para el lonche, lo ense\u00f1\u00f3 a todos como prueba irrefutable de lo que grit\u00f3 con todo el ox\u00edgeno de sus pulmones: \u201c\u00a1El circo! \u00a1Ha llegado el circo!\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Por un buen rato, se quedaron comentando aquella novedad, y cuando se percataron de que Ang\u00e9lica hab\u00eda olvidado comprar los panes, la tienda ya hab\u00eda cerrado. Su mam\u00e1 entonces improvis\u00f3 un caldo de pollo y Ang\u00e9lica se tom\u00f3 hasta el \u00faltimo sorbo sin protestar. Sus papilas gustativas, igual que el resto de su cuerpo, estaban de fiesta y demasiado contentas para retraerse ofendidas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Al d\u00eda siguiente, Ang\u00e9lica despert\u00f3 a primera hora y se dio prisa para comprar las entradas. Los espect\u00e1culos empezaban esa misma tarde y ella no quer\u00eda perderse la inauguraci\u00f3n. La direcci\u00f3n impresa en el volante que hab\u00eda cogido se ubicaba en un lugar perif\u00e9rico y algo aislado del pueblo. Justo donde los edificios dejaban paso a una llanura bald\u00eda en la que el pasto amarillento se alternaba al barro seco. Ah\u00ed se hab\u00edan aparcado unas cuantas caravanas, y desde una sobresal\u00edan tres cuellos de jirafas y una trompa de elefante que la ni\u00f1a se qued\u00f3 contemplando boquiabierta. En medio de la explanada, se encontraban unos trabajadores sin camiseta y de piel tostada que estaban armando una carpa gigantesca bajo un sol todav\u00eda clemente. Hab\u00eda uno, en especial, que izaba con sus dos manos palos de madera tan altos como troncos de \u00e1rboles, una tarea que normalmente hubiera requerido la fuerza de por lo menos diez hombres. Deb\u00eda de ser el famoso Hombre Fuerte del que tanto hab\u00eda o\u00eddo hablar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Tambi\u00e9n hab\u00eda unos ni\u00f1os de todas las edades que correteaban al lado de las caravanas. Hablaban una lengua misteriosa y algunos pod\u00edan darse volantines en el aire. Pero\u2026 \u00bfqu\u00e9 ve\u00edan sus ojos? Not\u00f3 que hab\u00eda un par que ten\u00edan barba. Esos dos no eran ni\u00f1os\u2026 \u00a1Eran enanos! Ang\u00e9lica se tap\u00f3 la boca con ambas manos para reprimir una repentina risa. Aguz\u00f3 la vista para identificar el quiosco que buscaba y a lo lejos logr\u00f3 reconocer unos vecinos del pueblo que se encontraban ah\u00ed por la misma raz\u00f3n, as\u00ed que los alcanz\u00f3 y se sum\u00f3 a la cola. La atendi\u00f3 una mujer de ojos verdes que masticaba sonoramente un chicle. Su cabello era negro, recogido en dos trenzas despeinadas, y llevaba una falda ancha y morada que cubr\u00eda sus pies descalzos. Lo supo porque en un momento sali\u00f3 del quiosco para reprender a uno de los ni\u00f1os que estaba importunando a los monos. Le dijo que dejara de \u201cestresarlos\u201d, fueron sus palabras exactas. Luego, en una lengua que Ang\u00e9lica no conoc\u00eda, explic\u00f3 que tem\u00eda que se pusieran nerviosos antes del <em>show <\/em>y por lo tanto poco colaborativos. Cuando volvi\u00f3 a su silla, cogi\u00f3 las monedas que Ang\u00e9lica hab\u00eda dispuesto ordenadamente encima del alf\u00e9izar y le cedi\u00f3 un boleto con aire de quien est\u00e1 dispensando favores a rega\u00f1adientes. Felizmente, as\u00ed era como lo percib\u00eda Ang\u00e9lica, para quien el papelito que acababa de recibir representaba un pasaje para la gloria celestial.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Cuando a las cinco de la tarde, volvi\u00f3 al mismo lugar, esta vez acompa\u00f1ada por su amiga Carolina, la llanura se hab\u00eda trasformado en una feria vivaz, llena de voces, luces y decoraciones. Hab\u00eda payasos que vend\u00edan manzanas acarameladas y algod\u00f3n de az\u00facar, monos que regalaban globos de colores y tocaban carillones, y un reba\u00f1o de gente cada vez m\u00e1s numeroso. Ni\u00f1os y adultos que apenas reconoc\u00eda porque estrenaban una expresi\u00f3n extra\u00f1a, que nunca les hab\u00eda visto. Una que normalmente reservaban para el momento en que, mientras reposaban las cabezas sobre la almohada, viajaban con sus mentes a tierras lejanas donde lo imposible se volv\u00eda posibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">\u00a1Cu\u00e1ntas carcajadas solt\u00f3 aquel d\u00eda! Abrieron con n\u00fameros de payasos, luego siguieron los de animales ex\u00f3ticos y concluyeron con los de los acr\u00f3batas. Su butaca se encontraba en una posici\u00f3n central, por lo que gozaba de una vista espl\u00e9ndida del escenario, pero tambi\u00e9n del p\u00fablico. A Ang\u00e9lica le gustaba mirar c\u00f3mo reaccionaban los espectadores, c\u00f3mo eran cautivados, hipnotizados, por la \u201cmagia del circo\u201d. Escuchar a los ni\u00f1os preguntar confiados a sus padres \u201c\u00bfC\u00f3mo lo hacen?\u201d y los padres, tal vez por primera vez, callar. Encogerse de hombros. Entre el p\u00fablico tambi\u00e9n logr\u00f3 divisar el barbero y el vendedor de peri\u00f3dicos, que por una broma del destino hab\u00edan terminado sent\u00e1ndose en la misma banca. Sin embargo, no parec\u00edan llevarse rencor e incluso en un instante le pareci\u00f3 que intercambiaban miradas estupefactas y se sonre\u00edan t\u00edmidamente. Como si acabaran de conocerse, bajo una apariencia distinta (\u00bfinocente?, \u00bfinfantil?) y, por lo tanto, como si no descartaran el nacimiento de una amistad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mientras los elefantes sal\u00edan del escenario, apareci\u00f3 desde el tel\u00f3n rojo un joven con un turbante en la cabeza. Era el tragafuego. Empez\u00f3 a pasarse una antorcha prendida por el cuerpo sin que su cara dejara traspasar el m\u00ednimo dolor, ni siquiera incomodidad. Como si el fuego le hubiese obsequiado su lealtad o lo respetara como a un igual. Su piel desnuda no se incendiaba ni se descamaba. Luego verti\u00f3 la llama al interior de su garganta y la llama se apag\u00f3. Sac\u00f3 la lengua y mostr\u00f3 con orgullo que no ten\u00eda ni un rastro de quemadura. Por el miedo, Carolina se hab\u00eda llevado las manos al rostro, aunque la curiosidad la impulsaba a mantener los dedos abiertos para que no le obstruyeran la visi\u00f3n. Ang\u00e9lica, en cambio, no estaba asustada, sino extasiada. Disfrutaba ese mundo de cabeza, donde los elefantes ten\u00edan la gracia de un cisne y el fuego ard\u00eda sin abrasar. Si ella hubiese creado el universo, as\u00ed lo habr\u00eda establecido. Los monos montar\u00edan bicicleta y los humanos se desplazar\u00edan de rama en rama. Pero nada la hab\u00eda preparado a lo que iba a presenciar. Si todo lo anterior la hab\u00eda dejado asombrada, el n\u00famero que sigui\u00f3 cambi\u00f3 literalmente su vida.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Se oy\u00f3 un estruendo improviso, una nube de humo invadi\u00f3 el escenario y flot\u00f3 hasta las tribunas. Cuando el humo se hubo dispersado, apareci\u00f3 una mujer hermosa, vestida con un leotardo fucsia, salpicado de purpurina dorada y unas mallas negras. Sin que nadie lo esperase, la mujer se elev\u00f3 en el aire sentada encima de un columpio ornamentado con flores lila y rosadas. El columpio empez\u00f3 a balancearse, y la trapecista, a demostrar todo su equilibrio y habilidad. Se par\u00f3 de pie, luego de manos, y hasta con una sola mano. Dibuj\u00f3 figuras con su cuerpo delgado y se cay\u00f3 de espaldas, manteni\u00e9ndose aferrada \u00fanicamente con la fuerza de sus piernas. Luego se meci\u00f3 tanto que el columpio lleg\u00f3 a la altura del p\u00fablico y Ang\u00e9lica se encontr\u00f3 cara a cara con la artista. Reconoci\u00f3 sus ojos verdes enmarcados por una sombra fucsia como su vestido. Era la chica que le hab\u00eda vendido el boleto. Si no hubiese sido por ese detalle, nunca lo habr\u00eda adivinado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">No hab\u00eda rastro de su apariencia humilde, sus modales marginales, su actitud casi vulgar. Era una mujer sencilla que en cuesti\u00f3n de apenas unas horas se hab\u00eda trasformado en una diva del cine. En cada gesto respiraba elegancia y belleza y emanaba una luz tan resplandeciente que no habr\u00eda necesitado de los reflectores que apuntaban sus proezas, para brillar. Aunque estuviese realizando ejercicios muy peligrosos, los m\u00fasculos de su cara se notaban relajados y sus labios no dejaban de sonre\u00edr. Pero esa mujer no sonre\u00eda para encantar al p\u00fablico, ni para que admiraran sus dientes blancos y regulares, aunque ese era el efecto que causaba. Su sonrisa llegaba al punto de transfigurar su rostro, le atribu\u00eda un aura asc\u00e9tica. Era la manifestaci\u00f3n de que su alma, luego de tanto vagar, hab\u00eda encontrado su hogar. Las acciones del cuerpo coincid\u00edan al fin con los anhelos del alma, el aire era su elemento natural. Y ese milagro no pod\u00eda m\u00e1s que traducirse en esa sonrisa espont\u00e1nea y radiante.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Esa mujer, sea cual fuere su nombre, sab\u00eda que no era la \u00fanica mujer en el mundo capaz de realizar esas acrobacias. Sab\u00eda que algunos lo hab\u00edan hecho antes que ella, y otros m\u00e1s lo har\u00edan cuando su nombre quedar\u00eda por siempre olvidado. Tal vez mejor. Pero en aquel momento, nada m\u00e1s importaba. Solo estaban ella, su trapecio y el vac\u00edo que sobrevolaba como si la ley de gravedad no existiera, como si la muerte no existiera y jam\u00e1s hubiese sido inventada. O como quien sabe que la cuerda que la sostiene podr\u00eda romperse y a pesar de eso no la maldecir\u00eda, sino le agradecer\u00eda por ese \u00faltimo vuelo. Luego podr\u00eda descansar en paz. Su danza era guiada por una m\u00fasica invisible que solo ella pod\u00eda escuchar, y que proced\u00eda de su interior m\u00e1s oculto, de una cueva tenebrosa que solo se alumbraba cuando su cuerpo vibraba por los aires. Se ve\u00eda liviana y se sent\u00eda liviana. Como quien se ha despojado de sus miedos y de sus esperanzas. Porque las esperanzas a veces inmovilizan tanto como los miedos, hace que los pies se conviertan de plomo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Su rostro atestiguaba el \u00e9xtasis de la santa y la pasi\u00f3n de la mujer sensual. Pero ella no era ni una ni la otra. Sencillamente era una mujer que viv\u00eda la vida que hab\u00eda elegido, la que volv\u00eda a elegir cada vez que se sub\u00eda al trapecio. La vida que le pertenec\u00eda desde antes que tuviese vida. Tal vez tambi\u00e9n hab\u00eda sufrido mucho, y sus lindos ojos verdes hab\u00edan derramado manantiales. Se notaba. Pero ella hab\u00eda aprendido a no lamentar ese sufrimiento, a no odiarlo. A aprehenderlo como parte del recorrido que la hab\u00eda llevado hasta ah\u00ed, hasta esos aplausos que acog\u00eda con gratitud, pero que en el fondo consideraba superfluos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ang\u00e9lica la mir\u00f3 una vez m\u00e1s mientras saludaba y reverenciaba el p\u00fablico en ovaci\u00f3n. Su \u00faltima impresi\u00f3n fue la de una mujer muy triste y a la vez capaz de una gran felicidad. Una que muy pocas tienen el privilegio de alcanzar y que nada tiene que ver con las alegr\u00edas que todos experimentamos. Durante lo que quedaba del espect\u00e1culo, Ang\u00e9lica perdi\u00f3 un poco de su concentraci\u00f3n, pues segu\u00eda sumida en esos pensamientos que escapaban a cualquier l\u00f3gica.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Saliendo del circo, Carolina empez\u00f3 a comentar la experiencia y a solicitar su opini\u00f3n. Pero Ang\u00e9lica le revel\u00f3 en voz alta el resumen de todas esas cavilaciones. La resoluci\u00f3n que acababa de tomar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">-Cuando sea grande, quiero ser como la mujer del trapecio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">-O s\u00ed. Yo tambi\u00e9n. Es tan hermosa\u2026<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">-No, no me refiero a eso.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;-\u00bfEntonces? \u00bfQuieres trabajar en un circo?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">-Quiero volar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Carolina pens\u00f3 que, con esa respuesta, su amiga estaba asintiendo. Que deseaba ser un acr\u00f3bata.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Muchos a\u00f1os despu\u00e9s descubri\u00f3 lo que Ang\u00e9lica realmente quiso decir. Cuando vio a su amiga de infancia en un escenario distinto, en un contexto distinto, elevarse en el aire, tan hermosa como la mujer del trapecio, pero sin despegar los pies del suelo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mientras el sol se pon\u00eda, interpretando su ritual de despedida, Ang\u00e9lica sali\u00f3 a comprar pan para el lonche como todos los d\u00edas. Se conoc\u00eda de memoria el trayecto de su casa a la panader\u00eda y hubiera podido hacerlo con los ojos vendados. 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