{"id":488,"date":"2020-05-01T12:50:08","date_gmt":"2020-05-01T17:50:08","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=488"},"modified":"2020-05-01T12:50:11","modified_gmt":"2020-05-01T17:50:11","slug":"una-estrella-que-estalla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/una-estrella-que-estalla\/","title":{"rendered":"Una estrella que estalla"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Fiona era una mujer de mediana edad y <strong>todo en su aspecto exterior tend\u00eda a vehicular una imagen austera <\/strong>que sin lugar a duda le pertenec\u00eda. Ten\u00eda anteojos de montura delgada y lentes ovaladas que sol\u00edan reposar al borde de su nariz aguile\u00f1a, dejando descubiertas unas pupilas que se dedicaban a escrudi\u00f1ar el mundo con recelo y circunspecci\u00f3n, como si fuese un lugar plagado de trampas y peligros. Con la ayuda de abundante espray para el cabello, alisaba su pelo gris y corto hasta aplanar las ondas que consideraba indecorosas, una extravagancia innecesaria e \u00edndice de poca seriedad. Sus labios delgados y p\u00e1lidos se confund\u00edan con la tonalidad de su piel, solo lograban destacar gracias a las incipientes arrugas causadas por el esfuerzo de mantenerlos r\u00edgidamente apretados y que parec\u00edan comillas hu\u00e9rfanas de citas. Un espeso collar de oro ce\u00f1\u00eda su cuello contracturado, aunque m\u00e1s bien pareciera un yugo que conscientemente cargaba para recordar la raz\u00f3n de su amargura y hac\u00eda juego con unos aretes que, dada la extensi\u00f3n innatural de sus l\u00f3bulos, se notaban peligrosamente pesados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">A lo largo de su vida, Fiona <strong>solo derram\u00f3 l\u00e1grimas en un par de ocasiones y en ninguna de ellas fueron una manifestaci\u00f3n de tristeza, sino de alegr\u00eda.<\/strong> En efecto, desde ni\u00f1a hab\u00eda aprendido a reprimir el impulso de llorar, sea por un dolor f\u00edsico o por una desilusi\u00f3n del coraz\u00f3n, y se hab\u00eda vuelto una maga en ese arte ilusionista. Lo cual se debi\u00f3 principalmente a un factor biogr\u00e1fico, es decir al hecho de haberse criado bajo el mismo techo con cinco varones. Si bien la familia quiso desde un principio reservarle un trato distinto, m\u00e1s dulce y delicado, en calidad de mujercita de la casa, el car\u00e1cter orgulloso de Fiona le hab\u00eda obligado a demostrar que no necesitaba de ninguna atenci\u00f3n preferencial y m\u00e1s bien se somet\u00eda voluntariamente a las mismas asperezas que sus hermanos y exig\u00eda que la trataran en pie de igualdad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">\u00bfQue la lucha es asunto de hombres? Estupideces. Ella tambi\u00e9n quer\u00eda participar y cuando menos sus hermanos lo esperaban, los atacaba a las pantorrillas y al estilo de un mapache salvaje les mord\u00eda hasta que la huella de sus dientes, peque\u00f1os pero afilados, se imprimiera como un sello postal. Por la verg\u00fcenza de haber sido atacados por su hermanita menor, ellos omitieron contarles esos episodios indeseables a sus padres y as\u00ed nadie termin\u00f3 poniendo un freno al \u00edmpetu de Fiona, la cual, libre de resistencias, se volvi\u00f3 incontrolable. \u00bfQue las se\u00f1oritas solo visten ropa limpia y con aroma de lavanda? Qu\u00e9 ridiculez. Cuando sus hermanos sal\u00edan a jugar hacia el monte, Fiona esperaba a que su madre estuviese demasiado ocupada para seguir vigil\u00e1ndola. Entonces, sin importarle la elegancia de las prendas que vest\u00eda, sal\u00eda de casa a hurtadillas para darles el alcance. Cuando volv\u00edan al hogar, ella era la m\u00e1s sucia de todos, su vestido antes inmaculado se hab\u00eda transformado en una pieza de arte moderna, un tripudio de diferentes graduaciones de lodo, y para cubrir el olor que emanaba una lavada nunca era suficiente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Pero las actitudes masculinas que Fiona imitaba no se restring\u00edan a la esfera l\u00fadica, sino que inclu\u00edan maneras de enfrentarse a la vida misma que Fiona habr\u00eda seguido aplicando religiosamente incluso cuando el tiempo de los juegos hubiese desaparecido del mapa de sus recuerdos. <strong>Una frase, en especial, se hab\u00eda estampado en su cerebro con tinta indeleble: los hombres nunca lloran. <\/strong>Fiona hab\u00eda perdido la cuenta de todas las veces que la hab\u00eda escuchado de boca del padre, dirigida obviamente a los o\u00eddos de sus hermanos. Como un dogma, una verdad absoluta, que no necesitaba de superfluas explicaciones y que a la vez un\u00eda al hablante y al oyente mediante un pacto que los elevaba a una dimensi\u00f3n sagrada, e inalcanzable para los que pose\u00edan una \u00edndole d\u00e9bil y no eran dignos de participar de ese ritual. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ante las heridas que se procuraban jugando o incluso pele\u00e1ndose con animosidad, ante los insultos que les ard\u00eda como latigazos y ante cualquier otra raz\u00f3n capaz de desatar sus llantos, el padre soltaba el mantra que m\u00e1gicamente lograba aplacar sus tristezas y sus enojos. Los hermanos se sorb\u00edan los mocos, se limpiaban las heridas y asum\u00edan una expresi\u00f3n dura, severa, que supuestamente deb\u00eda ahuyentar todas las reales y potenciales amenazas. Esa expresi\u00f3n suplantaba las pinturas de los guerreros ind\u00edgenas de otros tiempos y ten\u00eda la funci\u00f3n de camuflar todas las emociones que podr\u00edan desvelar sus vulnerabilidades. Cada vez que Fiona o\u00eda esas palabras se sent\u00eda excluida, pero <strong>a la par con su indignaci\u00f3n crec\u00eda la determinaci\u00f3n para mostrar a su padre, a sus hermanos y a todo el mundo, que ella pod\u00eda aguantar el dolor tanto como ellos.<\/strong> Astutamente remplaz\u00f3 la parte del refr\u00e1n que no le conven\u00eda, \u201chombres\u201d, por \u201cpersonas valientes\u201d, e incorpor\u00f3 esa regla hasta el meollo, cambiando para siempre el ADN de sus fibras m\u00e1s intimas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Jur\u00f3 que nunca m\u00e1s la volver\u00edan a ver llorar. Lo cual de hecho funcion\u00f3, hasta que descubri\u00f3 que la dicha tambi\u00e9n puede ser fuente de llanto, y <strong>si contra la tristeza su coraz\u00f3n endurecido hab\u00eda largamente entrenado,<\/strong> cumpliendo diligentemente con sus expectativas, <strong>contra la felicidad se encontraba totalmente desarmado.<\/strong> Ella pod\u00eda aguantar un dolor comparable al de miles de agujas acribill\u00e1ndole el cutis con la tosquedad del m\u00e1s s\u00e1dico acupuntor chino, guardando una compostura imperturbable. As\u00ed lo hizo el d\u00eda que perdi\u00f3 a su padre y el d\u00eda que muri\u00f3 su madre, aunque le costara un poco m\u00e1s, tambi\u00e9n logr\u00f3 ocultar sus sentimientos, que solo afloraban de manera muy discreta en forma de pliegues que se generaban al lado de su boca y que se pon\u00edan a vibrar nerviosamente. Una se\u00f1al que solo quien la conoc\u00eda bien pod\u00eda descifrar, atribuy\u00e9ndole el correcto significado, y que la mayor\u00eda confund\u00eda con una muestra de tedio y de disgusto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Sin embargo, <strong>el d\u00eda que naci\u00f3 su \u00fanico hijo, no logr\u00f3 contener las l\u00e1grimas. <\/strong>Al cargarlo entre sus brazos la primera vez, de pronto advirti\u00f3 un extra\u00f1o calor trepar por sus venas y confluir hacia el pecho, donde se acurruc\u00f3 como un gato ronroneando. Fiona entr\u00f3 en p\u00e1nico, temi\u00f3 que hubiese llegado su hora, pero no sucumbi\u00f3 al impulso de huir o gritar porque la sensaci\u00f3n que la invad\u00eda era agradable y paralizante al mismo tiempo. Luego, el calor que hab\u00eda sentido de nuevo empez\u00f3 a moverse y le lleg\u00f3 hasta el cerebro para finalmente cristalizarse en una l\u00e1grima que, al desprenderse de sus pesta\u00f1as, justo se deposit\u00f3 en la mejilla del reci\u00e9n nacido. As\u00ed que, \u00bfa eso le llamaban felicidad? Los ojos le quemaban, su coraz\u00f3n ard\u00eda. <strong>Fiona hab\u00eda logrado amaestrar el dolor<\/strong>, volverlo una mascota inofensiva. <strong>Pero la felicidad era otra historia, m\u00e1s se parec\u00eda a un felino indomable.<\/strong> Se convenci\u00f3 aun m\u00e1s de la nocividad de los extremos. Se dijo que ese tipo de emociones fuertes no eran para ella y pas\u00f3 los a\u00f1os siguientes en perenne estado de alerta, tratando de anticipar su abrupta llegada.\u00a0 Trat\u00e1ndose de una novata no pod\u00eda saber que la felicidad no visita tan a menudo y que por tal raz\u00f3n habr\u00eda podido ahorrarse ese exceso de celo y de tensi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">De hecho, algunos podr\u00edan preguntarse, y me parece una pregunta leg\u00edtima, por qu\u00e9 la felicidad hab\u00eda tardado tanto para manifestarse a ella. \u00bfY el d\u00eda de su matrimonio? \u00bfAcaso no se sent\u00eda feliz? Y bueno, la verdad es que esa no es la palabra m\u00e1s acertada para calificar sus emociones. Fiona sinti\u00f3 m\u00e1s bien agobio por la duraci\u00f3n interminable de una pomposa ceremonia que ella en principio no deseaba, pero que Enzo, su esposo, hab\u00eda organizado para no deshonrar a sus respectivas familias. Ella nunca estuvo enamorada de Enzo, pero lo soportaba lo suficiente como para decidir casarse con \u00e9l; era el tren que estaba esperando para partir de su casa y sin pensarlo dos veces subi\u00f3 a bordo. \u00c9l u otro le daba igual, y Enzo por lo menos parec\u00eda escucharla cuando hablaba y valoraba su opini\u00f3n. C<strong>uando Carlos naci\u00f3, Fiona se sorprendi\u00f3 a interesarse por primera vez, desde la muerte de su padre, en un hombre. <\/strong>Es m\u00e1s, hasta se volvi\u00f3 su principal centro de inter\u00e9s. Ten\u00eda grandes planes para \u00e9l. Y desde muy peque\u00f1o lo someti\u00f3 a una f\u00e9rrea disciplina para que lograse tener \u00e9xito en todo lo que se propusiera realizar. A partir de los cuatro a\u00f1os, m\u00e1s o menos, ya no ve\u00eda en \u00e9l un ni\u00f1o que reci\u00e9n estaba conociendo el mundo, sino el embri\u00f3n del adulto en el que se habr\u00eda convertido y como tal empez\u00f3 a tratarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Cabe decir que Carlos, lamentablemente, hab\u00eda heredado su obstinaci\u00f3n y no la mansedumbre de Enzo. As\u00ed que desde pronto se revel\u00f3 bastante d\u00factil ante esas presiones y su mente, al igual que un el\u00e1stico, tras cada intento de deformarla seg\u00fan el agrado y antojo de la madre, retomaba inmediatamente su estado originario. <strong>Fueron in\u00fatiles los tentativos de que se enamorara del estudio y de los libros<\/strong>, tanto como las amenazas de quedarse sin comida si es que no cumpl\u00eda con sus deberes. Pod\u00eda quedarse encerrado tardes enteras en su cuarto, supuestamente castigado, luego de que Fiona le confiscara sus juguetes y le ordenara estudiar sin emitir el m\u00e1s ligero sonido. Pero Carlos no necesitaba de juguetes para distraerse, dentro de su cartuchera ten\u00eda todo lo que necesitaba. Pod\u00eda pasar horas enteras dibujando y cuando o\u00eda aproximarse el sonido de los tacones de su madre, r\u00e1pidamente desmenuzaba los dibujos y, si no encontraba a tiempo un escondite favorable, se los com\u00eda de un bocado. A pesar de tantas tardes encerrado, tantas noches en las que se hab\u00eda acostado sin cenar, Carlos segu\u00eda llevando a casa notas en la mejor de las hip\u00f3tesis mediocres y, en la peor, insuficientes.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">No fue f\u00e1cil para Fiona resignarse al fin a la idea de que su hijo no ten\u00eda vocaci\u00f3n de m\u00e9dico, ni de abogado, empresario o l\u00edder pol\u00edtico. Durante mucho tiempo, fuerte del car\u00e1cter persistente que de ni\u00f1a le hab\u00eda incitado a infringir todas las reglas de conducta para se\u00f1oritas, Fiona se neg\u00f3 a encarar la realidad. Pero luego de muchos dolores de cabeza y rabietas (la rabia era una emoci\u00f3n con la que, al contrario de la tristeza y la alegr\u00eda, estaba muy familiarizada) <strong>por fin tuvo que admitirlo: su hijo era un vago empedernido.<\/strong> Conste que, para ese entonces, Carlos estaba ya pr\u00f3ximo de concluir sus estudios secundarios y que a tal revelaci\u00f3n sigui\u00f3 otra no menos dolorosa de asimilar. Carlos no ir\u00eda a la universidad. Una revelaci\u00f3n que fue confirmada por el anuncio del mismo Carlos y que habr\u00eda destrozado el coraz\u00f3n de Fiona si no hubiese sido protegido por la armadura que su due\u00f1a le hab\u00eda forjado, a prueba de balas e incluso de la ingratitud de los hijos. En un pu\u00f1ado de segundos Fiona vio esfumarse el sue\u00f1o de verlo graduarse de m\u00e9dico o de cualquier otro oficio respetable. Fue un d\u00eda muy triste, m\u00e1s triste que el entierro de sus padres, y aun as\u00ed no derram\u00f3 ni una l\u00e1grima. La comparaci\u00f3n, en realidad, ca\u00eda como anillo al dedo puesto que <strong>para Fiona su hijo tambi\u00e9n hab\u00eda muerto, no de una muerte f\u00edsica sino de una simb\u00f3lica. <\/strong>Esa era la \u00fanica condici\u00f3n bajo la cual pod\u00eda disponerse a enterrar todas las grandes aspiraciones que hab\u00eda cultivado por \u00e9l a lo largo de sus dieciocho a\u00f1os de vida; enterrarlo, metaf\u00f3ricamente, junto a ellas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"><strong>Fiona hab\u00eda empezado a vestir de luto cuando Carlos anunci\u00f3 a sus padres que hab\u00eda decidido irse de la casa. <\/strong>No era de sorprenderse que el hecho de asistir a su premaduro funeral lo hab\u00eda, por as\u00ed usar un eufemismo, abrumado e influido en su precipitada decisi\u00f3n. A pesar de tanta insistencia, Fiona no pudo convencer a su marido de no brindarle ni un c\u00e9ntimo para empezar su nueva degenerada vida y m\u00e1s bien le sigui\u00f3 echando en cara hasta el \u00faltimo de sus d\u00edas de haber incentivado su haraganer\u00eda. \u201cPor tu culpa, tu hijo ha desperdiciado su vida\u201d, sol\u00eda repetirle, no sin sentir una punta de alivio al poder descargarle el peso de su fracaso. Fiona nunca volvi\u00f3 a dirigirle la palabra a Carlos, pero h\u00e1bilmente se enteraba sobre su vida y sus ocupaciones por el pobre Enzo, aprovech\u00e1ndose de su ingenuidad, genuina o fingida no podemos saberlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"><strong>Ya hab\u00edan pasado cinco a\u00f1os desde que Carlos se hab\u00eda ido de la casa, cuando el milagro aconteci\u00f3.<\/strong> El muchacho, que ya ten\u00eda unos veinticuatro a\u00f1os, fue a visitar a su padre, pidi\u00f3 audiencia con su madre, y se sent\u00f3 a esperarla con aire esperanzado como si al final la viese como un juez clemente y no un verdugo sanguinario. La madre supuso que habr\u00eda una buena raz\u00f3n detr\u00e1s de ese ins\u00f3lito requerimiento as\u00ed que consinti\u00f3 verlo. Sus labios estaban ya empezando a fruncirse por s\u00ed solos y el pliegue tan familiar estaba por asomar, cuando <strong>Carlos le mostr\u00f3 lo que estaba escondiendo detr\u00e1s de su espalda. <\/strong>Sus manos sosten\u00edan un cart\u00f3n con una caligraf\u00eda muy distinta por la que se pod\u00eda adivinar un contenido igual de solemne.-Mam\u00e1, te he tra\u00eddo una sorpresa. Este es mi diploma de arquitecto -le explic\u00f3, parafraseando el mensaje impreso en el cart\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Fue entonces cuando Fiona, por segunda vez en su vida, fue invadida por el calor que ese mismo hijo, un hombre ya adulto y graduado, le hab\u00eda transmitido el d\u00eda de su llegada al mundo. <strong>Ante sus ojos incr\u00e9dulos, Carlos hab\u00eda vuelto a nacer. <\/strong>Sin embargo, esta vez la felicidad fue m\u00e1s repentina en su recorrido; de forma abrupta lleg\u00f3 al cerebro y liber\u00f3 la cisterna de sus ojos en pocos segundos. Fiona entonces empez\u00f3 a llorar como una Magdalena, ni las palabras susurradas por su hijo lograron sedar su inesperada erupci\u00f3n. Quiz\u00e1 lo que ocurri\u00f3 luego se puede explicar por lo a\u00f1os que hab\u00edan transcurrido y que hab\u00edan logrado debilitar el coraz\u00f3n de Fiona. O quiz\u00e1 l<strong>a cantidad de felicidad fue demasiado grande para que Fiona pudiese contenerla toda sin que su coraz\u00f3n estallara como una estrella. <\/strong>De todas maneras, luego del abrazo que al fin reconcili\u00f3 a madre e hijo, tan conmovedor que ninguno de los tres presentes logr\u00f3 preservar los ojos secos, Fiona se llev\u00f3 apresuradamente una mano al pecho. Se desplom\u00f3 al piso y nunca m\u00e1s se levant\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Fiona era una mujer de mediana edad y todo en su aspecto exterior tend\u00eda a vehicular una imagen austera que sin lugar a duda le pertenec\u00eda. 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