{"id":461,"date":"2020-04-17T21:45:44","date_gmt":"2020-04-18T02:45:44","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=461"},"modified":"2020-04-24T11:54:42","modified_gmt":"2020-04-24T16:54:42","slug":"las-escorias-del-pasado-parte-i","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/las-escorias-del-pasado-parte-i\/","title":{"rendered":"Las escorias del pasado (Parte I)"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Crec\u00ed en una familia como muchas m\u00e1s, compuesta por mi madre, mi padre y yo. Digo que se trataba de una familia t\u00edpica porque hoy s\u00e9 que las familias disfuncionales son numerosas y no espor\u00e1dicas excepciones. En realidad, cuando era peque\u00f1a, no cre\u00eda que la m\u00eda fuese una familia com\u00fan y no pasaba noche sin que empapara la almohada, convencida de que era la \u00fanica ni\u00f1a en el mundo a la que le fuese negado el calor de un nido donde reinaran la armon\u00eda y la serenidad. Disfuncional. Es un t\u00e9rmino que aprend\u00ed muchos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando me aprestaba a formar una familia m\u00eda, con mi esposo y los hijos que pronto, seg\u00fan nuestros planes, habr\u00edan correteado entre las paredes frescas de pintura de nuestro nuevo departamento. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Lo le\u00ed en un manual para padres noveles que hab\u00eda comprado con la ilusi\u00f3n de prepararme adecuadamente a ese gran empe\u00f1o, a cuidar de vidas que no nos pertenec\u00edan, pero cuyos \u00faltimos responsables, para bien y para mal, ser\u00edamos nosotros. Sin embargo, tambi\u00e9n lo hice con la idea ni tan inconsciente de evitar repetir los errores cometidos por mis padres en el transcurso de su matrimonio y cuya principal v\u00edctima colateral fui yo. Ofrecer a mis hijos una familia diametralmente opuesta a la que me hab\u00eda tocado a m\u00ed y de la que no hab\u00eda heredado ning\u00fan ba\u00fal de recuerdos felices, m\u00e1s bien un ajuar de complejos del que hubiese prescindido con gusto. Entonces, como suelo hacer cuando me propongo un objetivo cuyas coordenadas desconozco, fui a buscar las respuestas a mis inquietudes en los libros. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Disfuncional. Es un concepto que a lo mejor han acu\u00f1ado recientemente, pero el objeto que designa es mucho m\u00e1s antiguo, lo demuestran las canas que ya ni me molesto en ocultar. M\u00e1s le\u00eda el recuadro que encerraba su definici\u00f3n y m\u00e1s crec\u00edan las inquietantes similitudes que iba encontrando con mi propia vivencia. Palabra tras palabra, me percat\u00e9 de que estaban describiendo con extraordinaria precisi\u00f3n mi infancia y mi adolescencia. \u00bfAcaso conocer la palabra adecuada para referirnos a nuestra realidad habr\u00eda cambiado el curso de los acontecimientos? Para todas las partes interesadas era evidente que, en las relaciones que entreten\u00edamos, no hab\u00eda gran cosa que \u201cfuncionara\u201d y no serv\u00eda una palabra que lo certificara. Pero, pens\u00e1ndolo mejor, llamar las cosas por su nombre habr\u00eda marcado por lo menos una liviana diferencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Saber que no \u00e9ramos los \u00fanicos atrapados en aquel infierno nos habr\u00eda de alguna forma reconfortado. Saber que hab\u00edan creado esa precisa categor\u00eda para incluir multitudes de casos que presentaban las mismas lamentables caracter\u00edsticas, y no solo el nuestro, quiz\u00e1 nos habr\u00eda hecho sentir menos culpables de nuestra infelicidad. Nos habr\u00eda desatado de un hipot\u00e9tico deber de escondernos tras una apariencia de normalidad ante los ojos de las personas que consider\u00e1bamos m\u00e1s felices y razonables que nosotros. La infelicidad familiar era un delito que no se perdonaba y nosotros nos encontr\u00e1bamos aplastados entre el peso de la violencia, que era el \u00fanico lenguaje hablado en nuestra casa, y el de la mentira que ten\u00edamos que actuar diariamente. Frustrados por la idea de que la imagen que proyect\u00e1bamos era un ideal que nunca habr\u00edamos alcanzado, pero no por tal raz\u00f3n dispuestos a despojarnos de las m\u00e1scaras de esposa servicial, marido premuroso e hija modelo. Es agotador tener que fingir ser una hija mimada y motivada a enorgullecer sus propios padres cuando se es en realidad una ni\u00f1a llena de heridas y de miedos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La abundancia de riquezas y comodidades que nos brindaba nuestro estatus social jugaba a nuestro favor, facilit\u00e1ndonos la tarea de presumir de un bienestar real en el plan material, pero falso en todos los dem\u00e1s aspectos. La p\u00e1tina de frivolidad que envolv\u00eda nuestra vida desviaba las miradas de los curiosos de la substancia y llamaba su atenci\u00f3n te\u00f1ida de envidia sobre la forma, sobre el tulle y el sat\u00edn que la ornamentaban sin jam\u00e1s nutrirla. Nuestra condici\u00f3n era muy privilegiada en a\u00f1os en los que no se percib\u00eda la pobreza como un problema para solucionar, sino como una de las declinaciones de la existencia, una de las m\u00faltiples consecuencias de las diferencias innatas entre las personas y que las divid\u00eda en altas y bajas, gordas y flacas, emprendedoras y haraganas, ricas y pobres. La ciudad estaba plagada de pobres, incluyendo nuestro barrio adinerado. Pero nosotros no los llam\u00e1bamos as\u00ed y nos refer\u00edamos a ellos con el t\u00edtulo m\u00e1s edulcorado de servidumbre, el cual no pon\u00eda el acento en su desgracia sino en el beneficio que nosotros deriv\u00e1bamos de ella. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">En casa est\u00e1bamos rodeados por la servidumbre: hab\u00eda dos o tres criadas encargadas de la limpieza, una cocinera, un chofer y mi nana. Nosotros \u00e9ramos minor\u00eda, pero yo me pasaba a su bando cada vez que tuviera la ocasi\u00f3n. Mis padres me dejaron comer en la cocina con ellos hasta los once a\u00f1os y nunca lo vi como un castigo o una privaci\u00f3n. Al contrario, me sent\u00eda feliz de poder comer gustosamente sin tener que preocuparme de los buenos modales. Pod\u00eda mezclar los diferentes componentes del plato, si as\u00ed me parec\u00eda m\u00e1s sabroso, comer con la prisa que el hambre me dictaba y hablar libremente, incluso con la boca llena. Sin que nadie me reprendiera o me lanzara torvas miradas. Y sobretodo sin tener que respirar el clima de tensi\u00f3n que rodeaba los almuerzos de mis padres en la sala, ni escuchar las palabras cargadas de resentimiento que se dirig\u00edan en medio de discurso superficiales, entre un \u201cp\u00e1same la sal\u201d y un \u201cp\u00e1same el pan\u201d. Siempre listos a aguijonearse con una tal malicia que no entend\u00eda c\u00f3mo hiciera para no averiar todo lo que masticaban. Las raras veces en que los hab\u00eda acompa\u00f1ado, se me hab\u00eda dificultado la digesti\u00f3n, impidi\u00e9ndome luego conciliar el sue\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La manera en que se repel\u00edan cada vez que superaban la distancia de seguridad, como fuesen agua y aceite, volv\u00eda arduo el intento de imaginar un tiempo en el que estas personas, tan distintas entre s\u00ed, hab\u00edan elegido estar juntas por puro placer y no por obligaci\u00f3n. O que hubiesen sido arrolladas por el \u00edmpetu de la pasi\u00f3n que hab\u00eda desembocado en mi engendramiento. Sin embargo, fue lo que ocurri\u00f3: aquel tiempo en que mis padres, antes que as\u00ed los llamara, no sol\u00edan mirarse con desprecio sino con ojos so\u00f1adores, realmente hab\u00eda existido. Se casaron por amor cuando ambos hab\u00edan ya pasado la treintena. Tarde, seg\u00fan los est\u00e1ndares de la \u00e9poca, aunque no debido a una falta de oportunidades de ninguna parte. Ambos eran atractivos y de buen semblante. Mi mam\u00e1 era una mujer alta, curvil\u00ednea y sus grandes ojos verdes hipnotizaban a quien sea, como gemas capaces de despertar el deseo de quienes las contemplara. En cambio mi padre era de baja estatura, pero sus modales distintos y elegantes lo cubr\u00edan con un aureola de encanto que complementaba los cent\u00edmetros que le faltaban. \u00c9l tambi\u00e9n ten\u00eda ojos claros, tan celestes que parec\u00edan glaciales a punto de derretirse. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Antes de comenzar su noviazgo, ambos conocieron otros amores, pero nunca se tradujeron en promesas de matrimonio. Mi padre se hab\u00eda dedicado completamente a su carrera, tratando de alcanzar una posici\u00f3n de prestigio estable que le permitiera proveer a sus hijos de todos los bienes materiales que a \u00e9l le hab\u00edan faltado desde la cuna. Fue as\u00ed como, de a pocos, de aprendiz lleg\u00f3 a ser un chef reconocido y solicitado por los personajes m\u00e1s ilustres de la ciudad. Mientras que en el caso de mi madre fue mi abuela quien, con su car\u00e1cter autoritario y sobreprotector, constituy\u00f3 el mayor obst\u00e1culo e intent\u00f3 disuadirla del prop\u00f3sito de casarse mediante manipulaciones y subterfugios dirigidos a postergar el d\u00eda en que habr\u00eda abandonado su lado. Le ense\u00f1\u00f3 a desconfiar de la barata retorica masculina, tomando como ejemplo el enga\u00f1o con el que ella misma hab\u00eda sido engatusada y que la hab\u00eda condenado a criar dos hijas sola, mientras que su esposo vagaba libremente por el mundo, sin que ni su billetera ni su conciencia se viesen perturbados en lo m\u00e1s m\u00ednimo. Gracias a sus diatribas, logr\u00f3 evitar durante largo tiempo que las citas de mi madre se prolongaran, poniendo en tela de juicio las intenciones de todos sus pretendientes que juzgaba culpables aun antes de ser procesados, y sin que sus defectos y virtudes fueran considerados, sino por la sencilla raz\u00f3n de pertenecer a un \u00fanico pernicioso g\u00e9nero. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Cuando mi mam\u00e1 conoci\u00f3 a mi pap\u00e1, la tiran\u00eda materna ya no ejerc\u00eda la misma influencia sobre ella, puesto que se encontraba entonces bajo la influencia m\u00e1s visceral e incontrovertible del reloj biol\u00f3gico. Y dado que el reloj de mi padre estaba bien sincronizado, tanto como sus proyectos de corto plazo, se enamoraron, se casaron y al final nac\u00ed yo. Es probable que mi nacimiento constituyera la cumbre de su idilio amoroso y hay algo tr\u00e1gico y c\u00f3mico al mismo tiempo en el hecho de que yo, la coronaci\u00f3n de ese amor, o si prefieren su encarnaci\u00f3n, de ese d\u00eda tan memorable no guarde ninguna memoria. Del cari\u00f1o que se hab\u00edan tenido no encontraba ning\u00fan rastro, exceptuando mis ojos donde se hab\u00edan fundido el celeste y el verde de los de ellos, como dentro a un abrazo que un tiempo hab\u00eda enlazado sus cuerpos. Pese a ello, a veces, incluso esa mezcla que hab\u00eda requerido de ambas participaciones no bastaba para hacerme creer en aquel amor tan remoto; y, es m\u00e1s, estudi\u00e1ndolos con m\u00e1s detenimiento no me parec\u00eda que los colores de mis ojos fueran a abrazarse, sino que estuviesen luchando al fin de diluir el derrotado hasta hacerlo desvanecer. Quiz\u00e1 nazca de esta sensaci\u00f3n, el sentimiento encontrado que nutro hacia este rasgo f\u00edsico tan peculiar y que muchos elogian. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Una vez casados decidieron abrir un restaurante, invirtiendo una buena cantidad del capital que mi pap\u00e1 hab\u00eda logrado juntar sacrificando su vida social y sentimental, y la dote que hab\u00eda obtenido a ra\u00edz del matrimonio con mam\u00e1. Con mi padre que dirig\u00eda la cocina y mi mam\u00e1 a cargo de la administraci\u00f3n y del servicio a los clientes, el restaurante no tard\u00f3 en convertirse en uno de los lugares de encuentro de la alta sociedad en el que conflu\u00edan actores, diplom\u00e1ticos, pol\u00edticos, m\u00e9dicos y abogados de envergadura, y que en su mayor\u00eda eran amistades que mi padre hab\u00eda adquirido gracias a su fama y a los m\u00faltiples premios gastron\u00f3micos que le hab\u00edan otorgado. Toda esta clase de personajes acud\u00eda al restaurante con frecuencia, no solo para degustar las creaciones que incorporaban el talento de mi padre, sino tambi\u00e9n para mostrarse en ese contexto exclusivo e incrementar as\u00ed su notoriedad. Participaban de un circo en el que todos repet\u00edan el mismo guion trillado y mon\u00f3tono, sin variaciones ni golpes de efecto, articulando discursos siempre iguales y que no ten\u00edan ning\u00fan fin m\u00e1s all\u00e1 de reclamar un lugar bajo la luz de esos reflectores. Nosotros tambi\u00e9n nos prest\u00e1bamos a ese juego ocioso y remilgado y rot\u00e1bamos entre las mesas aceptando la invitaci\u00f3n de los hu\u00e9spedes que se disputaban nuestra compa\u00f1\u00eda.  <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Cuando mi madre me llevaba con ellos, ordenaba a mi nana ponerme uno de los vestiditos, de todo color y tejido preciado, que desbordaban de mi armario y encend\u00edan mi vanidad. Luego le hac\u00eda peinarme para que destacaran mis rizos, atribuy\u00e9ndoles volumen y simetr\u00eda, hasta hacerme asemejar a una mu\u00f1eca de porcelana. En efecto, me hab\u00edan rebautizado como \u201cla mu\u00f1equita\u201d, y yo me sent\u00eda muy halagada y bien dispuesta a confundir esos l\u00e1nguidos apodos con las muestras de cari\u00f1o que mis pap\u00e1s, ocupados como estaban en hacer progresar el negocio, no me dirig\u00edan. Gracias a las ganancias vertiginosas que consiguieron de aquel emprendimiento, nosotros tambi\u00e9n entramos de pleno derecho al c\u00edrculo de los m\u00e1s acomodados. Pero si, por un lado, mi madre se sent\u00eda entusiasta e impaciente de adoptar un estilo de vida apropiado a su nueva cuenta corriente, por el otro, mi pap\u00e1 ten\u00eda ideas muy divergentes.  <br><br>Continuar\u00e1&#8230;<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Crec\u00ed en una familia como muchas m\u00e1s, compuesta por mi madre, mi padre y yo. 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