{"id":448,"date":"2020-03-11T11:22:32","date_gmt":"2020-03-11T16:22:32","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=448"},"modified":"2020-03-11T17:04:30","modified_gmt":"2020-03-11T22:04:30","slug":"una-torrida-manana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/una-torrida-manana\/","title":{"rendered":"Una t\u00f3rrida ma\u00f1ana"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Era un d\u00eda soleado y bochornoso de verano, y la familia Gonz\u00e1les transpiraba copiosamente dentro de su choza destartalada, cuya construcci\u00f3n tanto esfuerzo les hab\u00eda costado. La casa se ergu\u00eda sobre una monta\u00f1a de arena hirviente, flanqueada por muchas otras parecidas y atestadas de personas tan numerosas como hormigas en un hormiguero, o los granitos de ese mismo desierto. Multitudes que mediante su respiraci\u00f3n afanosa y su circulaci\u00f3n sangu\u00ednea elevaban a\u00fan m\u00e1s la temperatura percibida, que rondaba los 32<sup>o<\/sup>C. Los Gonz\u00e1les estaban api\u00f1ados frente a su \u00fanica fuente de ventilaci\u00f3n, es decir la puerta por la que ingresaban insectos en busca de sombra y ni un solo hilo de viento. Los ni\u00f1os se hab\u00edan echado en la cama boca arriba, lo bastante cerca para caber los cuatro, pero atentos a no pegarse con la mezcla de sus sudores. En un d\u00eda cualquiera, probablemente se habr\u00edan encontrado al aire libre haciendo rodear alg\u00fan neum\u00e1tico con un bast\u00f3n o jal\u00e1ndole las colas a los perros del barrio. Los adultos, en cambio, estaban sentados a la mesa de al lado. Los hombres, con brazos y piernas estiradas y cabezas dobladas hacia atr\u00e1s, parec\u00edan hundidos en un trance profundo. Las mujeres se echaban aire con las hojas de un viejo peri\u00f3dico e intentaban vencer el torpor sin \u00e9xito. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">En la habitaci\u00f3n reinaba un silencio absoluto, algo que raramente suced\u00eda cuando los nueve miembros de la familia estaban reunidos. Si a alguien se le ocurr\u00eda entreabrir la boca para decir algo, r\u00e1pidamente se arrepent\u00eda y dejaba la palabra a medio pronunciar flotando encima de sus cabezas sin que nadie pudiera verla ni o\u00edrla. Deb\u00eda de pensar que era m\u00e1s sabio guardar ese d\u00e9bil aliento para seguir alimentando sus funciones vitales y no para detonar in\u00fatiles ch\u00e1charas. El \u00fanico estr\u00e9pito que se o\u00eda de vez cuando era ocasionado por las palmadas que se autoinflig\u00edan en el intento de aniquilar alg\u00fan sancudo sediento de sangre, guiadas m\u00e1s por un reflejo espont\u00e1neo que por un plan premeditado. La verdad, nadie ten\u00eda fuerzas suficientes para ejecutar ning\u00fan tipo de acci\u00f3n que implicara la coordinaci\u00f3n de miembros y cerebro. Simplemente, estaban vegetando, como plantitas esperando a que alguien las regara con agua fresca. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Fue en esas circunstancias que, de manera inesperada, el menor de todos, Sandrito, habl\u00f3 para decir la primera oraci\u00f3n en horas: \u201c\u00a1Quiero ir a la playa!\u201d, refunfu\u00f1\u00f3 quejumbroso, anticipando, quiz\u00e1s, una respuesta negativa como las que sol\u00eda recibir. El silencio perdur\u00f3 unos momentos m\u00e1s, pues a todos les tom\u00f3 tiempo llenar esas palabras con alg\u00fan significado que suscitara sus reacciones. La cadena de asociaciones se despleg\u00f3 <em>in crescendo<\/em> de la siguiente forma: primero, imaginaron la gran extensi\u00f3n de arena, llana y despoblada, donde cada uno podr\u00eda disponer de un espacio m\u00e1s amplio que el metro cuadrado en el que estaba comprimido y que les obligaba esquivarse mutuamente; luego, casi pudieron sentir la briza marina erizar sus pieles desnudas ba\u00f1adas en protector solar, y sus pulmones inundados de aire fresco, virgen, que por nadie m\u00e1s hab\u00eda sido inhalado; por \u00faltimo, visualizaron el Pac\u00edfico, una cuenca inmensa de agua helada y borrascosa que ni el sol m\u00e1s aguerrido lograr\u00eda entibiar. La poderosa sugesti\u00f3n desatada por las simples palabras de un ni\u00f1o los regener\u00f3 de inmediato, inyect\u00e1ndolos de euforia y vitalidad. Ya era muy tarde para dejar que esa imagen quedara en el estado de simple fantas\u00eda; sent\u00edan como si el agua del oc\u00e9ano hubiese llegado a salpicarlos, casi pudieron percibir su textura h\u00fameda, y sus cuerpos no habr\u00edan encontrado paz hasta sumergirse en ella por completo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Se arm\u00f3 un completo alboroto. De pronto, todos corr\u00edan a la derecha y a la izquierda, reparti\u00e9ndose las tareas y organizando la excursi\u00f3n que habr\u00eda tenido lugar la ma\u00f1ana siguiente. Sin importar el bochorno asfixiante, al que se hab\u00edan resignado hasta hac\u00eda unos minutos, hubo quien se fue a contratar la movilidad, otro a comprar el chancho para el almuerzo, otro se puso a rebuscar en los armarios la sombrilla, las toallas, los ba\u00f1adores y m\u00e1s cosas que no ve\u00edan la luz en a\u00f1os, y otro fue a tocar la puerta de alg\u00fan vecino para pedirle en pr\u00e9stamo lo que faltaba. Todo, bajo la mirada todav\u00eda at\u00f3nita de Sandrito que no estaba acostumbrado a ser escuchado y, menos, a que le concedieran lo que ped\u00eda instant\u00e1neamente sin tener que hacer berrinches. Luego, tambi\u00e9n se dej\u00f3 llevar por la excitaci\u00f3n y junto a sus hermanos se pusieron a saltar en la cama y a tirarse volantines. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ninguno de ellos hab\u00eda visto el mar, menos el mayor, de doce a\u00f1os, que intentaba complementar con su v\u00edvida imaginaci\u00f3n los recuerdos lejanos que a\u00fan conservaba de ese primer paseo. Con sus relatos de peces, tiburones, olas gigantescas y criaturas mitol\u00f3gicas escondidas en la oscuridad de los abismos, logr\u00f3 exacerbar a\u00fan m\u00e1s el entusiasmo de los peque\u00f1os que no paraban de re\u00edr, aplaudir y gritar. Hac\u00eda tiempo que no ten\u00edan una raz\u00f3n para ser tan felices, una expectativa que parec\u00eda tan real, tan cercana de cumplirse. Esa noche, casi no pudieron cerrar un ojo por la emoci\u00f3n y, al d\u00eda siguiente, fueron los primeros en despertar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"> El carro estaba listo para conducirlos a su destino: una vieja combi que luego de haber servido para transportar a los pasajeros de un extremo a otro de la ciudad, hab\u00edan alquilado a un precio muy c\u00f3modo con conductor incluido. La olla repleta del jugoso chicharr\u00f3n fue la primera en ingresar; la aseguraron en uno de los asientos del fondo con una soga, para que los virajes o eventuales colisiones no echaran a perder el plato principal de ese d\u00eda. Luego subieron todos los dem\u00e1s con el equipaje y tomaron sus lugares en los asientos desprovistos de cinturones. Los ni\u00f1os se sentaron atr\u00e1s porque, seg\u00fan dec\u00edan, era m\u00e1s probable que se salvaran en caso de accidente, y los adultos viajar\u00edan adelante, apretujados entre las pertenencias que hab\u00edan desparramado en sus rodillas, a sus pies y entre los asientos. \u00bfNo se estaban olvidando de nada? Hicieron un \u00faltimo control: estaban las toallas, la sombrilla, la olla de chicharr\u00f3n, el parlante port\u00e1til para la m\u00fasica, las cervezas, las gaseosas, los panes, todos llevaban sus ropas de ba\u00f1o puestas, el tanque de gasolina estaba lleno, los ni\u00f1os, el pap\u00e1, la mam\u00e1, el t\u00edo, la t\u00eda y la abuela, todos estaban en sus sitios. No faltaba nada y nadie necesitaba orinar. Entonces un, dos, tres, en marcha. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Tomaron la ruta y, si el tr\u00e1fico no los traicionaba, demorar\u00edan aproximadamente tres horas. Los ni\u00f1os empezaron a entonar alguna canci\u00f3n aprendida en la escuela y los hombres, que en un principio los reprendieron, se unieron al coro luego de la tercera lata de cerveza. Con la excusa de que el hielo de los baldes se iba a derretir, empezaron a tomar antes de la hora del desayuno. Las mujeres, que normalmente los habr\u00edan rega\u00f1ado, decidieron hacer la vista gorda para no malograr la fiesta y se pusieron a brindar con ellos. Para no causarle un desaire, incluso le invitaron una lata al conductor, que despu\u00e9s de unos cuantos sorbos, result\u00f3 ser un se\u00f1or bastante agradable. El trayecto estaba procediendo sin interrupciones y los ni\u00f1os no hab\u00edan pedido que pararan para ir al ba\u00f1o ni siquiera una vez. M\u00e1s bien manten\u00edan manos y narices pegadas al vidrio, con los ojos \u00e1vidos de los paisajes que desfilaban frente a ellos y que jam\u00e1s hab\u00edan visto. Ve\u00edan las gaviotas revoletear en el cielo cada vez m\u00e1s azul, y preguntaban por qu\u00e9 esos \u201cgallinazos\u201d ten\u00edan alas blancas y no se parec\u00edan a los que viv\u00edan por el barrio, y muchas m\u00e1s curiosidades que los mayores no siempre sab\u00edan contestar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Iban a mitad del camino, cuando todas esas voces alegres que se sobrepon\u00edan fueron calladas por un fragoroso estallido proveniente de la parte trasera. En seguida el carro se par\u00f3 en medio de la pista, envuelto por una nube de humo gris y denso. Hubo un breve momento de suspenso en que el conductor intent\u00f3 volverlo a prender, luego del cual fue evidente que estaban frente a un problema que no iban a poder solucionar tan f\u00e1cilmente. El silencio dej\u00f3 nuevamente el paso al bullicio que, sin embargo, esta vez, era alimentado por emociones de c\u00f3lera y desaliento que no tardaron mucho en encontrar un blanco al que dirigirse. Sin embargo, de nada sirvieron las presiones, los reproches y una que otra amenaza; el conductor se declar\u00f3 incapaz de arreglar la pieza del motor que estaba fallando. Se encontraban en medio de la nada, no se vislumbraba ninguna tienda, ning\u00fan asentamiento, solo monta\u00f1as de rocas de todas formas y dimensiones que se extend\u00edan por kil\u00f3metros, y a los bordes de la pista, montones de suciedad y basura. El mec\u00e1nico se demorar\u00eda en socorrerlos y la familia Gonz\u00e1les se sent\u00eda en el punto de partida. Acalorada y amontonada dentro de ese cub\u00edculo de metal que les hac\u00eda extra\u00f1ar su choza. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Los ni\u00f1os empezaron a agitarse, lloraban y se angustiaban por el temor de volver a casa antes de cumplir su principal deseo, y el pap\u00e1 decidi\u00f3 tomar las riendas de la situaci\u00f3n. Solo ten\u00edan dos opciones: esperar a que llegara el mec\u00e1nico sin tener la garant\u00eda de cu\u00e1nto tiempo le requerir\u00eda para lidiar con el problema t\u00e9cnico, y arriesg\u00e1ndose a que ya no pudieran continuar la excursi\u00f3n, o sino encaminarse a pie. El bus los recoger\u00eda de la playa una vez que todo estuviese resuelto. Al final optaron por la segunda. \u00abSigan todo de frente, nom\u00e1s\u00bb les recomend\u00f3 el conductor. El pap\u00e1 y el t\u00edo cargaron la olla, la t\u00eda y la mam\u00e1 los baldes con las bebidas, la abuela las bolsas con las provisiones, un ni\u00f1o la de los panes, otro la sombrilla y el ni\u00f1o mayor carg\u00f3 al ni\u00f1o menor. \u00bfTodos listos? No, Sandrito ten\u00eda que orinar. Se escondi\u00f3 detr\u00e1s de un arbusto y vaci\u00f3 su peque\u00f1a vejiga. Ahora s\u00ed. Un, dos, tres, \u00a1en marcha! <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Caminando en fila india, parec\u00edan una procesi\u00f3n de beduinos, solo faltaban los camellos. En el cielo no hab\u00eda ni una nube que pudiera taparlos del sol, y del terreno no crec\u00eda ninguna planta bajo la cual repararse. A veces paraban para descansar, se sentaban en una piedra y beb\u00edan algo con los minutos contados. Lo \u00fanico que les daba \u00e1nimo era saber que con cada paso acortaban la distancia que los separaba del mar, el final de sus tormentos. No sab\u00edan exactamente cu\u00e1nto tiempo demorar\u00edan, pero sab\u00edan que el mar no ir\u00eda a ning\u00fan lado, los estaba esperando. Pese a que no pod\u00edan verlo, ni escucharlo, ni tocarlo, no dudaban de que ah\u00ed lo encontrar\u00edan, tras esas monta\u00f1as, un poquito m\u00e1s all\u00e1, m\u00e1s all\u00e1. Grande, misterioso, divino. As\u00ed que, aunque se sent\u00edan mareados por el cansancio, sus manos y pies se hab\u00edan llenado de ampollas y sus piernas casi no pod\u00edan caminar en l\u00ednea recta, segu\u00edan avanzando. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Perdieron la noci\u00f3n del tiempo, no ten\u00edan idea de cu\u00e1nto hab\u00eda pasado desde que hab\u00edan despedido al conductor con la convicci\u00f3n de que llegar\u00edan sanos y salvos. Y ahora esa misma fe comenzaba a flaquear. Hab\u00edan seguido de frente, no tomaron ninguna desviaci\u00f3n y, sin embargo, empezaban a dudar de que quiz\u00e1s el calor los hab\u00eda aturdido a tal punto de haberlos hecho eludir alguna se\u00f1al vial importante. O que tal vez el conductor les hab\u00eda indicado adrede la direcci\u00f3n equivocada, que todo hab\u00eda sido una maniobra para deshacerse de ellos y quedarse con el dinero sin completar la ruta. Quiz\u00e1 no exist\u00eda ning\u00fan mar ah\u00ed en los alrededores. Quiz\u00e1 nunca hab\u00eda existido y se hab\u00edan confundido. O quiz\u00e1 hab\u00eda existido y el sol que ahora los azotaba desde su zenit lo hab\u00eda secado. El mar se hab\u00eda secado. \u00bfAcaso era posible?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Estaban tentados de parar alguno de los carros que corr\u00edan en sentido contrario para preguntarles si ven\u00edan desde el mar, si ten\u00edan pruebas para mostrarles. Casi perdieron la esperanza. La abuela, aquejada, reclamaba que volvieran atr\u00e1s y los ni\u00f1os ya casi no ten\u00edan energ\u00edas para convencerlos con sus pataletas. Fue entonces cuando miles de destellos dorados y plateados como cristales encendieron sus rostros y atrajeron sus miradas desconsoladas. A lo lejos, parec\u00edan enjambres de luci\u00e9rnagas enloquecidas. Sandrito exclam\u00f3 sorprendido: \u00ab\u00a1Miren! El cielo se ha ca\u00eddo, se ha roto en montones de pedacitos.\u00bb<br>Al fin hab\u00edan llegado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<br> <br> <\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era un d\u00eda soleado y bochornoso de verano, y la familia Gonz\u00e1les transpiraba copiosamente dentro de su choza destartalada, cuya construcci\u00f3n tanto esfuerzo les hab\u00eda costado. 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