{"id":440,"date":"2020-02-24T09:37:44","date_gmt":"2020-02-24T14:37:44","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=440"},"modified":"2020-02-24T12:06:51","modified_gmt":"2020-02-24T17:06:51","slug":"cartas-cabinas-y-vinilos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/cartas-cabinas-y-vinilos\/","title":{"rendered":"Cartas, cabinas y vinilos"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mis padres se conocieron en la \u00e9poca de las cartas\nescritas a mano, las cabinas telef\u00f3nicas y los discos de vinilo. La de los\namores complicados y las distancias infranqueables. Cuando todo el curso de tu\nvida pod\u00eda ser desviado por un tel\u00e9fono que suena un minuto tarde, o por el\ndescuido de un cartero en ayuno de caf\u00e9 despu\u00e9s de haberse trasnochado. El\ncartero, en efecto, era el hombre m\u00e1s esperado y, sus cartas, el bot\u00edn m\u00e1s\ncodiciado. Entre sus manos se hallaba el destino de miles de amantes y de ellas\ndepend\u00eda su futura reproducci\u00f3n, el nacimiento de los ni\u00f1os que ahora pueblan\nel mundo. \u00a1Qu\u00e9 gran responsabilidad la suya! Unir a los amantes, o separarlos.\nFavorecer la generaci\u00f3n de nuevas vidas, o eliminar para siempre esa\nposibilidad. Me imagino con cu\u00e1nta impaciencia las personas se abalanzaban\nsobre su recado, al escuchar el chirrido de las ruedas de su bicicleta\naproxim\u00e1ndose, o el sonido de sus botas en la alfombra del vest\u00edbulo. Imagino\nsus ojos suplicantes posarse sobre el hombre que m\u00e1s que nadie encarnaba todas\nsus esperanzas, y luego coger la carta, titubeantes, y buscar alguna se\u00f1al apaciguadora\nen el rostro del cartero, como si \u00e9l fuese al tanto del contenido de la misiva.\nY los de temperamento m\u00e1s emocional, incluso abrazarlo con gratitud, si las\nnoticias que recib\u00edan eran buenas. Tiempos de esperas agonizantes, es verdad,\npero recompensadas por dichas que dif\u00edcilmente podemos entender hoy en d\u00eda,\ncuando tenemos a nuestro alcance no una, ni dos, sino veinte opciones para\ncomunicarnos con quien amamos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Podemos llamarlos al celular o mandarles notas vocales,\nescribirles mensajes de texto o mediante un promedio de cinco o seis redes\nsociales. No hay forma de que no logremos contactarnos, ni tampoco podemos\nescondernos tras excusas que en el siglo XXI resultan abstrusas y desfasadas. Todo\nes m\u00e1s inmediato, pr\u00e1ctico, f\u00e1cil. Ser\u00e1 por eso, tambi\u00e9n, que los amores son\nm\u00e1s evanescentes, pues las duras pruebas a las que eran sometidos en el pasado\nlos volv\u00edan m\u00e1s preciados y robustos a la vez. Creo que para cualquiera ser\u00eda\ndif\u00edcil renunciar a lo que tanto sacrificio le ha costado. Y entre las diversas\ndificultades que acechaban a las parejas, las grandes distancias, eran sin duda\nla prospectiva m\u00e1s aterradora. M\u00e1s que la hostilidad de las familias y la\noposici\u00f3n a su uni\u00f3n, m\u00e1s que la escasez material, las epidemias y el hambre. Pues\npara alguien que est\u00e1 enamorado poder saber c\u00f3mo se encuentra la persona que\nama es m\u00e1s importante que su misma incolumidad, e ignorarlo arrojar\u00eda al desasosiego\nincluso a las personas con los nervios m\u00e1s firmes. Sin embargo, los viajes de\ngrandes trayectorias no ocurr\u00edan con tanta frecuencia, ya que no hab\u00eda muchos\nmotivos por los que la gente decid\u00eda cruzar los oc\u00e9anos. Pod\u00eda ocurrir si\nestallaba una guerra y llamaban a los hombres al frente, o en el caso de gerentes\nejecutivos, si ten\u00edan que cerrar alg\u00fan negocio rentable con empresas\nextranjeras. La gente com\u00fan viajaba muy poco, y las mujeres solo si eran\ndebidamente escoltadas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ahora bien, mi pap\u00e1 no era ni un patr\u00f3n\nindustrial ni un soldado mandado a combatir en la guerra, felizmente. Aunque, con\nel car\u00e1cter que tiene mi madre, su ansiedad al verlo partir no fue menor.\nAcababan de casarse, solo hab\u00edan vivido juntos un par de meses, y a\u00fan segu\u00edan\ncomport\u00e1ndose como dos novios empalagosos, cuando a mi padre le lleg\u00f3 la\nnoticia de que hab\u00eda ganado una beca para estudiar franc\u00e9s en un pueblito en\nlas afueras de Par\u00eds. Hab\u00eda postulado mucho tiempo antes de su matrimonio y,\ncomo el veredicto demor\u00f3 en llegar, se hab\u00eda convencido de no haber sido\nseleccionado. Ya ni \u00e9l ni mi mam\u00e1 pensaban en el asunto, cuando la noticia del\nviaje cay\u00f3 como un rayo, quebrando su idilio amoroso y reventando su burbuja de\nnubes blandas y rosadas. Mi padre no quer\u00eda ir, pero como ya lo dije, no pasaba\ntan a menudo que personas corrientes tuvieran la oportunidad de viajar a\nlugares tan lejanos que solo conoc\u00edan por los libros de historia o los atlas geogr\u00e1ficos.\nAs\u00ed que termin\u00f3 march\u00e1ndose; como cualquier chico de veintitr\u00e9s a\u00f1os que no\npuede resistir al llamado del mundo. Mi madre, Patricia \u2013de ahora en adelante\nme referir\u00e9 a ella por su nombre, pues al fin y al cabo es su historia y no la\nm\u00eda\u2013 entendi\u00f3 su decisi\u00f3n y lo alent\u00f3 a perseguir sus sue\u00f1os. Se qued\u00f3 en la\ncasa que reci\u00e9n hab\u00edan comprado acompa\u00f1ada por mi abuela, para no sucumbir a la\ntristeza y a la soledad en ausencia de mi padre, al que de ahora en adelante\nllamar\u00e9 por su nombre, es decir Antonio. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Patricia y Antonio se dijeron adi\u00f3s, sabiendo que\nno se ver\u00edan durante los siguientes ocho meses. Y mientras Antonio se dedicaba\na estudiar el franc\u00e9s, Patricia empapaba cada noche el regazo de su madre, un\npoco por la nostalgia y un poco porque ten\u00eda que cumplir con el papel de esposa\nfr\u00e1gil, triste e incompleta sin su marido al lado. Pero yo s\u00e9, que en buena\ndosis esas l\u00e1grimas eran provocadas por los miedos y la inseguridad que la\ngobernaban y que su joven edad contribu\u00eda a fomentar \u2013no hac\u00eda mucho que\nPatricia hab\u00eda superado su etapa de adolescente. Su temor era que Antonio se\ndedicara a estudiar a las francesas, m\u00e1s que el franc\u00e9s, y apuesto a que en los\nmomentos de celos m\u00e1s cr\u00edticos habr\u00eda preferido, no sin sentirse culpable\nluego, de que su esposo estuviese empu\u00f1ando un rifle en alguna guerra\nsangrienta y no rodeado por mujeres de pieles de seda y narices respingonas. Se\nencontraba en Francia, no en un pa\u00eds cualquiera. La patria de los besos m\u00e1s\nabrasadores, o \u201ca la francesa\u201d, de los <em>affaires<\/em>, los <em>cabarets<\/em>, las<em>\nescorts, <\/em>los <em>m\u00e9nages \u00e0 trois, <\/em>y qui\u00e9n sabe qu\u00e9 otras aberraciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">No se llamaban muy seguido porque las llamadas internacionales eran muy costosas y Antonio, que solo contaba con el dinero de la beca, ten\u00eda que ahorrar hasta el \u00faltimo centavo para sus libros y, por supuesto, la comida de su d\u00eda a d\u00eda. A cambio se escrib\u00edan muchas cartas; cartas largas en las que se reafirmaban su amor y se promet\u00edan que ya no volver\u00edan a separarse por tanto tiempo. Y mientras Patricia intentaba convencerse de la sinceridad de las palabras de Antonio, olfateaba las cartas a escondidas para asegurarse de que no se hubiesen impregnado del perfume franc\u00e9s de alguna vecina francesa de la residencia estudiantil. Es probable que, en su lugar, Antonio tambi\u00e9n habr\u00eda reaccionado de la misma forma, pero \u00e9l confiaba ciegamente en la benevolencia de su suegra y sab\u00eda que estar\u00eda vigilando los movimientos de su amada. Pero \u00bfa \u00e9l? \u00bfQui\u00e9n lo vigilaba a \u00e9l? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Sin quererlo, Patricia tuvo que aprender una virtud muy subvalorada en aquellos d\u00edas, pues m\u00e1s se asociaba con la ingenuidad o, perdonen la palabra, la cojudez: la confianza. Sin embargo, aunque al principio se aplic\u00f3 en la pr\u00e1ctica de tal virtud, no pas\u00f3 el examen ni obtuvo el diploma correspondiente. A los tres meses de lejan\u00eda, escribi\u00f3 una carta a su querido Antonio, anunci\u00e1ndole que viajar\u00eda a Francia para las vacaciones de Navidad; aprovechar\u00eda el cierre de la escuela primaria donde ense\u00f1aba lengua para ir a visitarlo. Sell\u00f3 la carta y la envi\u00f3, decidida a rescatar a su hombre de las zarpas de las <em>femmes fatales <\/em>que pululaban en el foco de la depravaci\u00f3n, en la Sodoma camuflada de cuna del arte y de la <em>politesse<\/em>. No estaba lista para volverse una joven divorciada, agria y resentida con todos los hombres del planeta. No me pregunten de d\u00f3nde habr\u00e1 sacado el dinero para comprar el pasaje, si empe\u00f1ando sus joyas o pidiendo un pr\u00e9stamo a alg\u00fan sujeto criminal. Cada vez que le toqu\u00e9 el tema, se le trab\u00f3 la lengua de tantos rodeos que le daba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Faltando una semana a la nochebuena, empac\u00f3\ncuatro de sus mejores trajes y, con el benepl\u00e1cito de su madre (\u201cAnda, hija\nm\u00eda, y marca tu territorio\u201d le infundi\u00f3 animo), se fue a tomar el primer avi\u00f3n\nde su breve existencia. Tom\u00f3 un somn\u00edfero para condensar el tiempo del viaje y\nsalt\u00f3 dos de las tres comidas que sirvieron en el vuelo. Se despert\u00f3 justo durante\nel \u00faltimo pasaje de las aeromozas y tuvo derecho a un aperitivo frugal, que\nacompa\u00f1\u00f3 con una copa de <em>chardonnay <\/em>(o chardon\u00e9, como ella lo pronunci\u00f3),\nluego de que volvi\u00f3 a los brazos de un Morfeo con rasgos muy parecidos a los de\nsu Antonio. Aterriz\u00f3 a la hora indicada, siendo ya de noche, en el Aeropuerto\nCharles de Gaulle. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ahora imag\u00ednense una chiquilla de veinti\u00fan a\u00f1os\nque nunca hab\u00eda salido de su ciudad natal, llegar a uno de los aeropuertos m\u00e1s\ncongestionados del mundo. Una chiquilla que apenas ten\u00eda unas borrosas\nreminiscencias del curso de franc\u00e9s que hab\u00eda llevado en la secundaria, hac\u00eda\nya cinco a\u00f1os. Una vez recogido su equipaje, que felizmente lleg\u00f3 indemne, se\nhizo fuerza y se dirigi\u00f3 hacia la salida. Su esposo adorado, seguramente la\nestar\u00eda esperando con un ramo de flores variopintas, solo faltaban unos pasos\nm\u00e1s para encontrarse a salvo y besarlo hasta que se le gastaran los labios y\nolvidara a todas las moscas muertas que se le hab\u00edan insinuado. Pero al llegar\na la salida, no estaban ni Antonio ni las flores, y pasados diez, veinte,\ntreinta minutos, tampoco aparecieron. Patricia sinti\u00f3 su cuerpo, sus miembros,\nvolverse cada vez m\u00e1s d\u00e9biles. Miraba desconsoladamente su reloj de pulsera, y\ncada minuto que pasaba sent\u00eda que se iba encogiendo, reduciendo hasta hacerse infinitamente\npeque\u00f1a, mientras que el aeropuerto y, la ciudad afuera, se iban ampliando a\ndesmedida hasta causarle v\u00e9rtigos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ya estaba por ser devorada por esa imagen\naterradora de la ciudad, gigantesca y monstruosa, cuando de pronto se le\nprendi\u00f3 un foco. En Par\u00eds viv\u00edan unos familiares a los que nunca hab\u00eda visto y\nque solo conoc\u00eda por cartas. Se escrib\u00edan m\u00e1s que nada para las festividades y\npara informarse sobre los notables acontecimientos: matrimonios, nacimientos y\nsepelios, en resumidas cuentas. Se trataba de una t\u00eda, hermana de su padre, que\nse hab\u00eda ido a vivir a Francia cuando ella era ni\u00f1a y se hab\u00eda casado con un\ntal Henri Dubois, al que Patricia llamaba t\u00edo, un hombre atento y cort\u00e9s que\nhab\u00eda tenido el gesto tan amable de regalarle un reloj de plata, con las\niniciales de su nombre grabadas, con ocasi\u00f3n de su confirmaci\u00f3n. Ten\u00eda que\navisarle, ellos habr\u00edan podido ayudarla a reunirse con Antonio. Quedarse ah\u00ed\ninm\u00f3vil, a parte de atraer las moscas, no habr\u00eda solucionado nada. Despleg\u00f3\ntodas sus dotes de alumna afanosa de franc\u00e9s, que ya estaban a punto de\nmarchitarse, y recurri\u00f3 al pobre vocabulario que ten\u00eda para preguntar d\u00f3nde\npod\u00eda encontrar una cabina telef\u00f3nica. Algunos siguieron su camino, sin bajar\nla mirada, otros sacudieron la cabeza para hacerle entender que ten\u00edan prisa.\nDespu\u00e9s de tres o cuatro intentos fallidos, por fin le indicaron la cabina m\u00e1s\ncercana. Se fue, cargando su maletita que empezaba a pesarle como si contuviera\nla amalgama de sus decepciones, y cuando por fin la vio se ilumin\u00f3 como un naufrago\nque divisa la tierra luego de meses de mar abierto. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">No recordaba el n\u00famero de sus t\u00edos, ni lo llevaba\nconsigo en su agenda, pero exist\u00eda algo, en ese entonces, que ten\u00eda la funci\u00f3n\nde sacar de apuros a las personas en la situaci\u00f3n de Patricia: las gu\u00edas\ntelef\u00f3nicas. Felizmente, todas las cabinas telef\u00f3nicas contaban con este\ncurioso y \u00fatil artificio. Cogi\u00f3 entre sus manos la pesada gu\u00eda, como si fuese\nel Santo Grial, y, empez\u00f3 a pasar las hojas febrilmente hasta encontrar la\nletra D, y el apellido Dubois, en la secci\u00f3n \u201cPar\u00eds\u201d. La suerte no la asisti\u00f3\ndemasiado, porque se trata de un apellido muy difundido y el nombre Henri\ntambi\u00e9n era muy usado en Francia. Ocho. Ocho Henri Dubois. Uno ten\u00eda que ser\nforzosamente su t\u00edo. Finalmente, no le tom\u00f3 mucho tiempo rastrearlo, pues todos\nlos dem\u00e1s, cuando les dec\u00eda que se llamaba Patricia, colgaban. No creo que\nconocieran a ning\u00fan hispanohablante y menos a alguien con ese nombre. Pero\ncuando dio con el Henri acertado, su t\u00edo se alegr\u00f3 mucho y le pas\u00f3 a su t\u00eda,\nquien, despu\u00e9s de haberse maravillado de la inesperada visita, le dio\nindicaciones sobre c\u00f3mo tomar el tren hasta la estaci\u00f3n de Par\u00eds donde su t\u00edo\nHenri la recoger\u00eda. Le explic\u00f3 que el aeropuerto se encontraba en un pueblo\nllamado Roissy y no en la ciudad misma de Par\u00eds. Patricia habr\u00eda preferido no\ntener que desplazarse, \u00bfdespu\u00e9s de doce horas de periplo todav\u00eda no era\nsuficiente? La confianza no era tanta, no obstante, as\u00ed que acept\u00f3 la propuesta\nque no dejaba de ser caritativa. Por lo menos no habr\u00eda tenido que dormir en\nuna inh\u00f3spita banca abrazada a sus exiguas pertenencias. Por gracia divina, y\nsiguiendo las indicaciones de los t\u00edos, consigui\u00f3 tomar el tren correcto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;El\ntrayecto no fue muy largo, pero como no llevaba nada s\u00f3lido en el est\u00f3mago, le\npareci\u00f3 interminable. Sus tripas empezaron a emitir sonidos embarazosos y\nrogaba que sus compa\u00f1eros de asiento no se percataran. No se sabe si por suerte\no porque su educaci\u00f3n irreprochable se lo impidi\u00f3, nunca voltearon a mirarla.\nMientras tanto, pensaba en Antonio, \u00bfqu\u00e9 habr\u00e1 estado haciendo en esos\nmomentos? \u00bfHabr\u00e1 tenido un contratiempo o el correo nunca le hab\u00eda llegado? \u00bfEstar\u00eda\npensando en ella en esos instantes o revolc\u00e1ndose en las s\u00e1banas con una amante\nvoluptuosa? \u00bfY si eran m\u00e1s de una? A esa imagen, sus labios empezaron a temblar\ny sinti\u00f3 que iba a desmayarse \u2013la corazonada fue determinante pero el vientre\nvac\u00edo tampoco la ayudaba. Cuando Patricia baj\u00f3 del vag\u00f3n, ya todo estaba\noscuro, se dirigi\u00f3 a la salida de la estaci\u00f3n donde su t\u00edo deb\u00eda de estar\nesper\u00e1ndola. Era su \u00faltimo recurso, su \u00faltima esperanza, si por alguna raz\u00f3n no\nse presentaba se habr\u00eda encontrado completamente sola en el coraz\u00f3n de una\nciudad desconocida, a millas y millas de su hogar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;Un obst\u00e1culo que no hab\u00eda considerado anteriormente y que ahora se le ocurr\u00eda, era tener que reconocer a su t\u00edo, aunque no tuviera ni la m\u00e1s remota idea de cu\u00e1l fuera su parecido. Sin dejarse inmovilizar por el p\u00e1nico, se esforz\u00f3 en recordar alg\u00fan detalle que su t\u00eda le hubiese mencionado en una de sus cartas. Parada debajo del dintel de la salida, a la luz de una farola blanca, y envuelta por su respiraci\u00f3n transformada en vapor al contacto con el aire helado, Patricia esperaba con la cabeza hundida en el cuello de su saco intentando repararse del fr\u00edo. Escrutaba con una mezcla de expectativa y desconfianza a todos los hombres de mediana edad que se dirig\u00edan hacia ella para luego ingresar y dejarla a sus espaldas. De pronto, un hombre casi completamente calvo baj\u00f3 desde un Peugeot borgo\u00f1a y avanz\u00f3 a pie claudicando. Patricia se acord\u00f3 de que su t\u00edo Henri hab\u00eda perdido una pierna en la Segunda Guerra Mundial, cuando una granada explot\u00f3 a pocos metros de \u00e9l. Ese hombre ten\u00eda que ser \u00e9l. Venci\u00f3 la verg\u00fcenza y le pregunt\u00f3 con una vocecita aguda y espantada: <em>\u201cOncle Henri ?\u201d <\/em>y, por su gran alivio, el se\u00f1or, clavando en ella sus penetrantes ojos celestes, le contest\u00f3: <em>\u201cMa ch\u00e9rie !\u201d.<\/em> Luego de que siguieron risas, abrazos y frases comunes de cuando por fin te re\u00fanes con parientes que pensabas que nunca ver\u00edas fuera del \u00e1lbum familiar. Patricia hab\u00eda sobrevivido a lo peor y su reencuentro con Antonio no tardar\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Cuando llegaron a la casa de los t\u00edos, en el\nnoveno <em>arrondissement<\/em>, hubo m\u00e1s risas, abrazos y frases comunes. Qu\u00e9\nbella est\u00e1s te veo muy bien eres igualita a tu madre tienes los ojos de pap\u00e1\nqu\u00e9 encanto es Par\u00eds qu\u00e9 linda es tu casa c\u00f3mo est\u00e1n todos por all\u00e1 qu\u00e9 incre\u00edble\nes verte en persona etc\u00e9tera. Cuando por fin se amortigu\u00f3 la atm\u00f3sfera de\nalegr\u00eda y celebraci\u00f3n, la t\u00eda pregunt\u00f3 a Patricia si ten\u00eda hambre y deseaba\ncomer algo. Para esto, el estomago de Patricia nunca hab\u00eda dejado de aguijonearla,\npero su timidez y el temor de resultar acaparadora lo pusieron a callar brutalmente.\nAdem\u00e1s, ya eran m\u00e1s de las doce y muy tarde para que su t\u00eda se pusiera a\ncocinar. \u201cYa com\u00ed, t\u00eda, gracias\u201d. El tono de su voz no debi\u00f3 sonar lo\nsuficiente convencedor, por lo que su t\u00eda le insisti\u00f3 que, si no quer\u00eda comer\nuna cena completa, por lo menos un s\u00e1ndwich. Patricia cedi\u00f3 y acept\u00f3\neducadamente. Fue el mejor <em>jambon beurre<\/em> de su vida \u2013aunque tambi\u00e9n fue el\nprimero, a decir verdad\u2013, lo devor\u00f3 en un par de mordiscos y se alist\u00f3 para ir\na descansar, por fin con la barriga llena y el coraz\u00f3n (casi) contento. La\nma\u00f1ana siguiente habr\u00edan ido con el t\u00edo Henri a Saint-Maur-des-Foss\u00e9s donde\nbuscar\u00edan a Antonio en su residencia estudiantil. Patricia hab\u00eda tenido el\nreflejo de llevar consigo la direcci\u00f3n, aunque no era consciente de que la\nhabr\u00eda necesitado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Despu\u00e9s de un sue\u00f1o largo y reconfortante, estaba\nlista para reencontrarse con su amor, y ahuyentar a todas las insolentes que podr\u00edan\nquerer atraparlo. Su t\u00eda le prepar\u00f3 otro <em>jambon beurre<\/em> para el viaje,\npues nunca hab\u00eda visto a nadie saborearlo con tanto regocijo. Cuando por fin\nllegaron a su destino, preguntaron en la recepci\u00f3n por el estudiante Antonio\nM\u00e9ndez, y les indicaron en qu\u00e9 piso y en qu\u00e9 dormitorio pod\u00edan encontrarlo.\nFrente a la puerta del cuarto de Antonio, Patricia se irgui\u00f3 digna y derecha,\npreparada para encararse con la realidad, sea la que fuere. Se persign\u00f3 y toc\u00f3.\nAntonio abri\u00f3 e inmediatamente agrand\u00f3 los ojos como si no creyera la imagen\nque le mostraban, luego estir\u00f3 los brazos como si quisiera ce\u00f1ir la\ncircunferencia del globo terr\u00e1queo y no simplemente la fina cadera de su esposa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;Se\nabrazaron durante por lo menos unos cinco minutos, pero, mientras estaban\namarrados y ahog\u00e1ndose uno en el cuello de la otra, Patricia no pudo resistir el\nimpulso de empujar un poco m\u00e1s la puerta para despejar la visi\u00f3n del interior\ndel dormitorio. La silla del escritorio estaba arrimada, como si acabaran de\nlevantarse, y encima de la mesa se encontraba un libro abierto, un cuaderno con\nvarias anotaciones, un bol\u00edgrafo, y una foto de ellos dos en el d\u00eda de su boda\nenmarcada. Patricia cerr\u00f3 los ojos y se dej\u00f3 llevar por una sensaci\u00f3n de paz y\nquietud que no sent\u00eda en meses, por el amor de Antonio que sent\u00eda m\u00e1s vivo que\nnunca, y pulsante en la parte delantera de sus pantalones. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Como ya resultar\u00e1 claro, Antonio nunca recibi\u00f3 la carta de Patricia en la que le comunicaba la fecha de su inminente viaje. Esa sorpresa fue el mejor regalo que pod\u00eda pedir, luego de noches insomnes de estudio, y bueno, tambi\u00e9n de fiestas, pero muy espor\u00e1dicas, como le resalt\u00f3 repetidamente a Patricia. Aquel d\u00eda, Patricia y Antonio tuvieron una segunda noche de bodas, volvieron a sentirse nerviosos y voraces tal como la primera vez. Se desearon con una tal pasi\u00f3n que solo la nostalgia, un buen disco de \u00c9dith Piaf, y unas cuantas copas de \u201cchardon\u00e9\u201d, pod\u00edan avivar. Esa fue la noche en que me concibieron \u2013lo s\u00e9, les ment\u00ed: les dije que no era mi historia, pero de alguna forma s\u00ed lo es. Definitivamente Patricia consigui\u00f3 marcar su territorio y, al despedirse de Antonio, luc\u00eda la sonrisa de la Mona Lisa.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mis padres se conocieron en la \u00e9poca de las cartas escritas a mano, las cabinas telef\u00f3nicas y los discos de vinilo. La de los amores complicados y las distancias infranqueables. 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