{"id":425,"date":"2020-01-28T09:34:20","date_gmt":"2020-01-28T14:34:20","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=425"},"modified":"2020-01-28T09:34:29","modified_gmt":"2020-01-28T14:34:29","slug":"la-leccion-mas-dificil","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/la-leccion-mas-dificil\/","title":{"rendered":"La lecci\u00f3n m\u00e1s dif\u00edcil"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"><strong>Hay una gran lecci\u00f3n sobre el amor que aprend\u00ed observando, con ojos todav\u00eda infantiles, la relaci\u00f3n entre un p\u00e1jaro y una anciana. <\/strong>La anciana en cuesti\u00f3n era mi abuela, y el p\u00e1jaro su inseparable mascota. Gracias a ellos, con tan solo cinco a\u00f1os, pude comprender un concepto que incluso algunas de las mentes m\u00e1s brillantes demoran mucho m\u00e1s tiempo en asimilar, y otras nunca terminan de hacerlo. Pens\u00e1ndolo bien, no creo que la clave para descifrarlo resida tanto en una mente h\u00e1bil, sino en un coraz\u00f3n \u00e1gil y entrenado. <strong>El amor es darle a alguien las alas para volar y dejarlo libre de volver a ti cuando lo elija.<\/strong> Realmente no existe frase m\u00e1s precisa para describir el v\u00ednculo entre mi abuela y su simp\u00e1tico lorito. Su relaci\u00f3n fue la aut\u00e9ntica materializaci\u00f3n de este complicado concepto; incluso la parte que menciona las alas se volvi\u00f3 literal en este estramb\u00f3tico caso. El lorito \u2014todos le dec\u00edamos lorito, pero investigando en internet, descubr\u00ed, siendo ya adulto, que se trataba de un periquito\u2014 se llamaba Pepe. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mi abuela, la mam\u00e1 de mi pap\u00e1, viv\u00eda en una casa de campo que antes de ser suya hab\u00eda pertenecido a su padre, mi bisabuelo, y mucho antes, al padre de su padre. La casa era una mansi\u00f3n gigantesca que casi no guardaba rastro del antiguo esplendor que irradiaba cuando fue inaugurada por mi tatarabuelo, un rico hacendado que no reparaba en gastos. Yo, que era demasiado joven, solo conoc\u00eda esa \u00e9poca fastuosa mediante las fotos que mi abuela me hab\u00eda ense\u00f1ado, entre suspiros de a\u00f1oranza. \u00a1Qu\u00e9 diferencia! Las paredes de afuera se hab\u00edan descascarado y el moho se hab\u00eda filtrado hasta en los m\u00e1s rec\u00f3nditos recovecos de las habitaciones, debilitando las tuber\u00edas de donde llov\u00eda incluso cuando afuera brillaba un sol abrasador. El aire se hab\u00eda vuelto cargado, irrespirable. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La servidumbre termin\u00f3 march\u00e1ndose y en la casa solo hab\u00edan quedado mi abuela y su madre, una anciana se\u00f1ora de m\u00e1s de noventa a\u00f1os cuyo recuerdo no puedo desligar del porche de madera rancia donde paraba sentada, a veces dormitando, otras llam\u00e1ndome con nombres extra\u00eddos de su pasado, cuyos due\u00f1os desconoc\u00eda, y grit\u00e1ndome col\u00e9rica. Detestaba verme correr por el pasto, agitar en el aire como un diestro espadach\u00edn las ramas que recuperaba del suelo. Desde que su esposo, mi bisabuelo, hab\u00eda fallecido, al no tener hijos varones, la direcci\u00f3n de la hacienda se traslad\u00f3 a las manos de su \u00fanica hija, mi abuela. Ese traspaso constituy\u00f3 el acta de defunci\u00f3n de la fortuna que mi familia hab\u00eda construido. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">En esa \u00e9poca nadie estaba dispuesto a hacer negocios con una mujer, ni mucho menos a seguir sus \u00f3rdenes, cubriendo un rol de subalterno. Los socios de mi bisabuelo fueron desapareciendo, inventando pretextos para disolver alianzas de d\u00e9cadas que parec\u00edan bastante robustas, la servidumbre fue volvi\u00e9ndose m\u00e1s perezosa, el capital que mi bisabuelo hab\u00eda acumulado fue reduci\u00e9ndose de manera abrupta. El \u00e1rea de las hect\u00e1reas cosechadas tambi\u00e9n fue disminuyendo y, pronto, casi todos los campos fueron abandonados y tomaron la apariencia de una landa desolada. Mi abuela no tuvo otra opci\u00f3n que vender casi todos los terrenos y solo se qued\u00f3 con la parcela que rodeaba la mansi\u00f3n y con los \u00e1rboles frutales \u2014higueras, mangueras, bananos, entre otros \u2014que ah\u00ed se ergu\u00edan. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Por supuesto cuando iba a visitar a mi abuela, no estaba al tanto de todas estas historias de conspiraciones, traiciones e ingentes p\u00e9rdidas econ\u00f3micas que me contaron solo cuando, seg\u00fan ellos, fui lo suficiente maduro para entenderlas. Para m\u00ed, el jard\u00edn que se extend\u00eda alrededor de la casa de la abuela era una inmensa pradera que no ten\u00eda punto de comparaci\u00f3n con ning\u00fan otro espacio verde que hubiese visto o so\u00f1ado. Ignoraba que no correspond\u00eda ni a un d\u00e9cimo de las tierras que mi abuela hab\u00eda heredado. As\u00ed que cuando mi pap\u00e1 anunciaba: \u201cYa es hora de ir a visitar a la abuela\u201d, mi mente no asociaba esa afirmaci\u00f3n al hedor que flotaba por la casa, ni al agua que goteaba desde el techo y se quedaba estancada en baldes oportunos. Pensaba que por fin habr\u00eda sido libre de corretear sin el miedo de que un auto me atropellara a m\u00ed, o atropellara mi pelota, fingi\u00e9ndome sordo a los gritos de la bisabuela senil. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mi abuela siempre nos esperaba lista, parada en las escaleras del porche, con Pepe indefectiblemente colgado de su hombro izquierdo. A menos que no hubiese pasado horas inm\u00f3vil en esa posici\u00f3n, supon\u00eda que por alguna raz\u00f3n conoc\u00eda de antemano la hora de nuestra llegada. Lo que hasta ahora sigo ignorando es c\u00f3mo. Todav\u00eda no exist\u00edan los celulares y mi pap\u00e1 no pod\u00eda llamarla ni enviarle mensajes de texto para comunicarle nuestra ubicaci\u00f3n. Quiz\u00e1s o\u00eda a lo lejos el rugido del motor de nuestro antiguo Toyota\u2026 es la explicaci\u00f3n m\u00e1s sensata que se me ocurre hoy, pens\u00e1ndolo racionalmente. Pero de ni\u00f1o estaba convencido de que mandaba a Pepe a sobrevolar la zona y que \u00e9l regresaba a avisarle ni bien su radar de vol\u00e1til nos identificaba en los alrededores. <strong>Nada como la rara amistad entre un ave y una abuela para desencadenar los engranajes que hacen funcionar la imaginaci\u00f3n de un ni\u00f1o. <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Me entristece nunca haberle preguntado a mi abuela, mientras estaba con vida, c\u00f3mo fue que hab\u00eda encontrado a Pepe y c\u00f3mo hab\u00eda logrado domesticarlo, volverlo su fiel mascota. Desde que tengo memoria, los recuerdo como si fueran una unidad indivisible, de modo que intentar imaginar un pasado anterior a esos recuerdos, se me hace tan dif\u00edcil como visualizar la prehistoria y sus feroces habitantes. Incluso mis recuerdos de ni\u00f1o se vuelven cada vez m\u00e1s l\u00e1biles y no logro muy bien separar las impresiones originarias de las que fui elaborando en el transcurso de los a\u00f1os, nutridas de sensaciones y juicios de valores posteriores, y que han contaminado su pureza primordial irremediablemente. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Por ejemplo, no logro recordar qu\u00e9 opinaba sobre la amistad, que hoy considero peculiar, entre mi abuela y Pepe. \u00bfMe sorprend\u00eda o me dejaba totalmente indiferente, como si eso fuera lo m\u00e1s natural de mundo? En ese entonces ya conoc\u00eda muchas historias de piratas que suelen acompa\u00f1arse por loros o papagayos en sus navegaciones hacia islas ex\u00f3ticas. Pero mi abuelita no se parec\u00eda en nada a un pirata. No ten\u00eda dientes de oro, ni garfios en lugar de manos, ni parches que le taparan los ojos (o lo que quedaba de ellos). Era tranquila, pac\u00edfica, y pegada a su rutina, todo lo contrario de una aventurera. \u00bfC\u00f3mo era posible que un loro pudiese ser un animal de compa\u00f1\u00eda apropiado tanto para una indefensa abuelita, como para los espantosos piratas que poblaban mis libros de cuentos de las buenas noches? \u00bfC\u00f3mo se superpon\u00edan esas im\u00e1genes tan opuestas e incongruentes en mi mente infantil? \u00bfSon inquietudes que remontan a ese entonces o las formul\u00e9 m\u00e1s tarde, atribuy\u00e9ndolas al ni\u00f1o de cinco a\u00f1os que hab\u00eda sido? <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"><strong>Lo que s\u00ed me dejaba maravillado, y esto s\u00ed lo recuerdo con claridad, era c\u00f3mo Pepe siempre encontraba la ruta para volver a casa, donde mi abuela.<\/strong> A pesar de que fueran tan unidos y le gustara descansar sobre su hombro, deslizar sus patitas por la pendiente de su brazo o colocarse a su costado cuando ella necesitaba concentrarse en sus ocupaciones dom\u00e9sticas, hab\u00eda momentos en que simplemente se iba, volaba hacia metas desconocidas. Pasadas unas horas, si no regresaba por s\u00ed solo, mi abuelita lo llamaba: \u201c\u00a1Peeeepeeee! \u00a1Pepitoooo!\u201d y \u00e9l, que pod\u00eda estar escondido entre la copa de un \u00e1rbol cercano, picoteando la miel de alg\u00fan higo maduro, o qui\u00e9n sabe en qu\u00e9 otros misteriosos escondites, aparec\u00eda de la nada revoloteando a su alrededor y desprendiendo sus plumas verdes por el aire. No hubo ni una sola vez que no regresara, en un abrir y cerrar de ojos, obedeciendo a la llamada de mi abuela, y eso siempre me dej\u00f3 estupefacto. <strong>Una vez, recuerdo que le propuse a mi abuela, firmemente convencido de la necesidad y de la bondad de mi intuici\u00f3n, de encerrar a Pepe en una jaula.<\/strong> El di\u00e1logo se desarroll\u00f3 aproximadamente de la siguiente forma: <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">\u2014 Oye, abuela.\n\u00bfNo tienes miedo de que alg\u00fan d\u00eda se te escape el Pepe y ya no regrese?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">\u2014No, \u00e9l\nsiempre vuelve a casa. Y no lo hace porque alguien lo obliga, sino porque \u00e9l\nquiere. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">\u2014\u00bfY si le\npasara algo feo, algo que le impidiera volver? Yo creo que deber\u00edas ponerlo en\nuna jaula, para protegerlo. Para que no le pase nunca nada malo.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">\u2014Miguelito, esc\u00fachame bien. Nada de lo que pudiera pasarle afuera ser\u00eda tan terrible como el hecho de encerrarlo en una mezquina jaula. <strong>No lo estar\u00eda protegiendo a \u00e9l, estar\u00eda protegi\u00e9ndome a m\u00ed del dolor de perderlo.<\/strong> El d\u00eda que Pepe no responda a mis llamadas, significar\u00e1 que ya no es feliz conmigo o que es m\u00e1s feliz en otro lugar. Yo tendr\u00e9 que aceptarlo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Esas palabras,\nque en ese momento no comprend\u00ed, fueron abri\u00e9ndose el camino en mi interior a\npu\u00f1etazos. Como lo hacen todas las palabras que implican un sacrificio del ego,\nsu dolorosa retirada. Mir\u00e9 a mi abuela que me estaba sonriendo blandamente y\nasent\u00ed con la cabeza, aunque segu\u00eda pensando que la jaula fuese la mejor\nsoluci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">A veces, mientras jugaba solo en el jard\u00edn, sin nadie que complaciera mis fantas\u00edas sobre caballeros y espadachines, nac\u00eda en m\u00ed un sentimiento parecido a la envidia. Yo tambi\u00e9n quer\u00eda a alguien que me siguiera, que me acompa\u00f1ara y que reconociera mi voz entre millones. <strong>Remonto a esos instantes, la primera vez que me descubr\u00ed portador del anhelo m\u00e1s at\u00e1vico del ser humano, el de ser amados.<\/strong> Claro que ten\u00eda a mis padres, y claro que sab\u00eda que ellos me amaban. Pero ellos no me hab\u00edan elegido. No importaba cu\u00e1les hab\u00edan sido sus deseos, de que mi pelo fuera menos ondulado, mis ojos menos distanciados, mi piel m\u00e1s p\u00e1lida, mi car\u00e1cter m\u00e1s extrovertido. Incluso mi sexo no hab\u00eda dependido de sus preferencias. Ellos no hab\u00edan podido elegir nada de m\u00ed, yo hab\u00eda llegado tal como era y me amaban por el simple hecho de ser su hijo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">As\u00ed que cuando sent\u00eda que los celos me embargaban, presa del impulsivo frenes\u00ed de la infancia, iba donde mi abuela e intentaba coger a Pepito, quer\u00eda forzarlo a ser mi amigo. Pero \u00e9l se escurr\u00eda entre mis manos y, cuando no lo lograba, me picoteaba la mano, no lo suficiente para hacerme llorar, pero bastante para hacerme retroceder alarmado. Mi abuela nos miraba y se re\u00eda hasta las l\u00e1grimas. Luego, recobrando la compostura me dec\u00eda: \u201cNo puedes forzarlo, tienes que dejar que \u00e9l te busque. Que \u00e9l vaya hacia ti.\u201d Yo volv\u00eda a mis juegos solitarios, malhumorado, resentido. Fue as\u00ed como <strong>a\u00fan siendo una personita poco m\u00e1s alta de un metro, me percat\u00e9 de que pod\u00eda albergar un orgullo que me doblaba en talla y pod\u00eda lastimarse f\u00e1cilmente. <\/strong>Creo que nunca me qued\u00e9 el tiempo suficiente para que Pepito me buscara espont\u00e1neamente. Generalmente solo \u00edbamos un par de d\u00edas, durante el fin de semana, en seguida regres\u00e1bamos a la ciudad. Hasta que nos llevamos a la abuela y ya no volvimos; ni nosotros, ni ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La mam\u00e1 de mi abuela acababa de fallecer y mi padre detestaba la idea de dejarla sola en una casa que amenazaba con desplomarse encima suyo de un momento a otro. Claro, ten\u00eda la compa\u00f1\u00eda de Pepe\u2026pero no pod\u00eda compararse con la de su \u00fanico hijo y la de su nieto. <strong>As\u00ed que fuimos a recogerla para que viviera con nosotros.<\/strong> La not\u00e9 muy triste, pero el luto la hab\u00eda golpeado tan fuerte que no le sobraban fuerzas para discutir con su hijo, oponerse a esa decisi\u00f3n improvisa. Acept\u00f3 su voluntad, arm\u00f3 sus maletas y se march\u00f3 con nosotros. <strong>Tambi\u00e9n se llev\u00f3 a Pepito.<\/strong> Aunque siempre hab\u00eda resaltado que no era su due\u00f1a, que \u00e9l no le pertenec\u00eda, <strong>decidi\u00f3 desarraigarlo de su h\u00e1bitat natural, <\/strong>de los \u00e1rboles entre los que hab\u00eda aprendido a volar, y llev\u00e1rselo. Creo que, tras la muerte de su madre, su coraz\u00f3n no pod\u00eda soportar una separaci\u00f3n m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Pronto Pepito, que estaba acostumbrado a sobrevolar espacios ilimitados, se encontr\u00f3 encerrado en un patio angosto, donde pod\u00eda recorrer todo en un par de aletazos y la reja lo separaba de la carretera y de miles de insidias que acechaban en cada rinc\u00f3n de la ciudad. <strong>No era exactamente una jaula, pero muchas eran las semejanzas. <\/strong>Dentro de la casa tambi\u00e9n pod\u00eda desplazarse libremente y, como de costumbre, pasaba mucho tiempo al lado de mi abuela, su vieja amiga cada d\u00eda m\u00e1s cansada y apagada. Fue en aquel entonces que la piel de mi abuela se volvi\u00f3 del color de las cenizas, presagiando su destino final, y nunca recuper\u00f3 su natural brillo. Pareciera que la vejez la hubiese asaltado repentinamente, porque desde ah\u00ed fue que perdi\u00f3 su vitalidad y empez\u00f3 a deambular por la casa como un esp\u00edritu, sin hacer ruido, casi sin respirar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"><strong>Su salud f\u00edsica estaba impecable, pero una parte de ella, una que no puede verse ni auscultarse, estaba enfermando.<\/strong> Creo que, de alguna manera, ella sent\u00eda que Pepe compart\u00eda su mismo malestar, aunque no hubiera se\u00f1ales visibles. Ambos eran animales de campo, dif\u00edcilmente pod\u00edan sobrevivir en cautiverio. Se hab\u00edan criado en la naturaleza donde todos los d\u00edas transcurr\u00edan pl\u00e1cidamente y cada hilo de hierba se les hac\u00eda familiar. El ruido de los carros los aterrorizaba, la vista de los altos edificios donde se atestaban multitudes de desconocidos los turbaba, y los escasos \u00e1rboles que adornaban las carreteras les procuraba nostalgia, los deprim\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ignoro cu\u00e1ndo mi abuelita tom\u00f3 la decisi\u00f3n de liberar a Pepe.<strong> <\/strong>Solo recuerdo que, un d\u00eda, mientras est\u00e1bamos en la cocina \u2014mi pap\u00e1 acababa de volver del trabajo\u2014 <strong>mi abuelita nos cont\u00f3 que Pepito se hab\u00eda escapado. <\/strong>Ambos nos apenamos mucho; mi pap\u00e1 le asegur\u00f3 que lo ir\u00eda a buscar y que lo traer\u00eda de vuelta. Mi abuelita no gast\u00f3 muchas m\u00e1s palabras, solo se limit\u00f3 a comunicar la noticia. No la vi llorar, ni desesperarse, y tampoco nos dio detalles sobre c\u00f3mo hab\u00eda ocurrido el accidente. A m\u00ed todo me parec\u00eda muy extra\u00f1o. Hab\u00eda pasado toda la tarde en mi cuarto, jugando, y no hab\u00eda o\u00eddo ni una sola vez que mi abuelita pronunciara el nombre de Pepe, que lo llamara con cari\u00f1o como cuando se alejaba. Adem\u00e1s, ya hab\u00eda pasado que las ventanas se quedaran abiertas y Pepe jam\u00e1s se hab\u00eda atrevido a escapar. Todos cre\u00edamos que el miedo a la jungla de cemento lo detuviera. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"><strong>Nadie me saca de la cabeza que la desaparici\u00f3n de Pepe no fue accidental<\/strong>, que existe otra versi\u00f3n que se ajusta m\u00e1s a los hechos. Mi abuela lo llev\u00f3 en su palma hasta la ventana y ambos se asomaron con una mezcla de excitaci\u00f3n y reticencia. <strong>\u00c9l ten\u00eda alas, pero ella no. Ella ten\u00eda que quedarse, pero no \u00e9l.<\/strong> Con un peque\u00f1o empujoncito, lo anim\u00f3 a desplegar las alas y a tomar el vuelo. \u00c9l entonces se elev\u00f3 en el cielo gris y, sin mirar atr\u00e1s, se dirigi\u00f3 hacia el azul de las tierras donde hab\u00edan vivido felices. Mi abuela sigui\u00f3 l\u00e1nguidamente con sus pupilas el plumaje color absenta de su amigo hasta que, finalmente, se volvi\u00f3 un faro en el horizonte.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hay una gran lecci\u00f3n sobre el amor que aprend\u00ed observando, con ojos todav\u00eda infantiles, la relaci\u00f3n entre un p\u00e1jaro y una anciana. La anciana en cuesti\u00f3n era mi abuela, y el p\u00e1jaro su inseparable mascota. 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