{"id":378,"date":"2019-11-03T15:24:53","date_gmt":"2019-11-03T20:24:53","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=378"},"modified":"2019-11-07T21:04:54","modified_gmt":"2019-11-08T02:04:54","slug":"los-senores-caceres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/los-senores-caceres\/","title":{"rendered":"Los Se\u00f1ores C\u00e1ceres"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Era una pareja\nbastante original y algo exc\u00e9ntrica. Todos los d\u00edas ocupaban la misma mesa en\nla terraza climatizada del local, la primera a la izquierda contando desde el\npasillo de ingreso, para que los meseros pudiesen verlos y atenderlos prontamente.\nNo hac\u00eda falta llevarles la carta del restaurante, pues siempre ped\u00edan el plato\ndel d\u00eda, y los feriados que no hab\u00eda men\u00fa ya sab\u00edan de antemano lo que habr\u00edan\ncomido. Encima del mantel color p\u00farpura que cubr\u00eda la mesa, al lado de unas\nflores de adorno sin aroma, se pod\u00eda leer una nota donde estaba escrita en\nletras may\u00fasculas la palabra \u201cRESERVADO\u201d y aunque los Se\u00f1ores C\u00e1ceres nunca\nhab\u00edan requerido esa atenci\u00f3n especial, era una cortes\u00eda que los due\u00f1os del\nrestaurante se sent\u00edan en deber de brindarles. Una cortes\u00eda que no ten\u00edan con\nnadie m\u00e1s, pues la pol\u00edtica del restaurante no autorizaba la aceptaci\u00f3n de\nreservas. Sin embargo, el caso de los Se\u00f1ores C\u00e1ceres era distinto; ellos no\neran simples clientes, sino que formaban parte de la misma historia del\nrestaurante. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Hab\u00edan visto\nrotar los empleados, los meseros, los chefs y ayudantes de cocina, incluso los\ndue\u00f1os. Segu\u00edan yendo a ese mismo restaurante desde que se llamaba a\u00fan \u201cDon\nTito\u201d y pertenec\u00eda a una familia conocida en el barrio que hab\u00eda ca\u00eddo en\ndesgracia y lo hab\u00eda perdido todo. (No mencionar\u00e9 aqu\u00ed su nombre por no\nincurrir en acusaciones de difamaci\u00f3n, pero si viven ustedes en ese barrio\nseguro que ya identificaron la familia en cuesti\u00f3n). Cuando la propiedad se\ntraslad\u00f3 a las manos de los due\u00f1os actuales y pas\u00f3 a llamarse \u201cEl rinc\u00f3n de la\nsaz\u00f3n\u201d, para los C\u00e1ceres poco o nada hab\u00eda cambiado. Cuando el restaurante\nvolvi\u00f3 a abrir sus puertas bajo la nueva insignia, una vez culminados los\ntrabajos de restructuraci\u00f3n, para la pareja era como si nunca hubiese cerrado.\nSin tanto alboroto, retomaron su rutina y sus almuerzos refinados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Los atuendos que vest\u00edan con tanta normalidad, as\u00ed fuese la v\u00edspera de A\u00f1o Nuevo o un lunes cualquiera, los hac\u00edan destacar entre los dem\u00e1s clientes y los convert\u00eda en personajes anacr\u00f3nicos. Su gusto sofisticado por los detalles era algo ins\u00f3lito y fuera de lugar en un restaurante concebido para gente de clase media-baja que buscaba comer platos caseros a buen precio y r\u00e1pidamente, durante su acelerado refrigerio. Pero ellos parec\u00edan no estar enterados, o si lo sab\u00edan no les preocupaba en lo m\u00e1s m\u00ednimo. La se\u00f1ora sol\u00eda ponerse trajes de colores oscuros que contrastaban con el resplandor de las joyas con las que se emperifollaba. Debajo de sus faldas, siempre llevaba puestas medias de nylon, a\u00fan as\u00ed la temperatura fuera de treinta grados cent\u00edgrados, y a sus pies tacones moderados que ten\u00edan la ventaja de alargarle la silueta. Ya ten\u00eda una edad madura, pero su expresi\u00f3n amigable lograba quitarle unos a\u00f1os de encima y las arrugas parec\u00edan desaparecer cuando su piel se estiraba al sonre\u00edr cordialmente. Su permanente perfecta enmarcaba un rostro ligeramente maquillado y sus pintalabios, rojo, rosado, lila, fucsia, eran la \u00fanica pizca de extravagancia que se conced\u00eda. El se\u00f1or, un joven que estar\u00eda todav\u00eda en la treintena, tambi\u00e9n luc\u00eda trajes impecables de tweed, y desde el bolsillo de la casaca del terno sobresal\u00eda un pa\u00f1uelo que ten\u00eda una funci\u00f3n puramente est\u00e9tica. Siempre andaba peinado con abundante gel que confer\u00eda al cabello un efecto mojado, y con una raya colocada rigurosamente al costado derecho. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Ambos parec\u00edan estar envueltos en una nube que bien pod\u00eda ser perfume o tambi\u00e9n el producto de su actitud indiferente hacia lo que los rodeaba. Solo ten\u00edan ojos el uno para la otra. Durante el almuerzo intercambiaban algunas frases, muy espor\u00e1dicas en realidad. Aun as\u00ed, en cada frase resonaba un profundo cari\u00f1o y cada palabra era un testimonio de vivaz preocupaci\u00f3n para el otro y respiraba amor puro: \u201c\u00bfTe gusta el tallar\u00edn, o se pas\u00f3 la cocci\u00f3n?\u201d \u201cL\u00edmpiate las comisuras de la boca, est\u00e1s sucio.\u201d \u201c\u00bfTe has llenado, o deseas algo m\u00e1s?\u201d \u201cNo comas tan r\u00e1pido, o te vas a atragantar.\u201d \u201cLa sopa est\u00e1 hirviendo, cuidado con no quemarte&#8230;\u201d y otras m\u00e1s en este mismo estilo que romp\u00edan el silencio con el cual parec\u00edan sentirse perfectamente a gusto. A primera vista era dif\u00edcil descifrar el secreto detr\u00e1s del ambiguo y s\u00f3lido v\u00ednculo que los ataba. Un secreto que permanec\u00eda incluso al descubrir cu\u00e1l era la \u00edndole de esa relaci\u00f3n, pues las palabras madre e hijo no acababan de describir esa innegable simbiosis que los un\u00eda; quedaban muy cortas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">De vez en cuando la Se\u00f1ora C\u00e1ceres, le ped\u00eda el plato a su hijo, el Se\u00f1or C\u00e1ceres, para poder cortarle el bist\u00e9 si la carne parec\u00eda muy fibrosa. Si bien es un comportamiento completamente normal y comprensible por parte de una madre de un ni\u00f1o de cinco a\u00f1os, ver a esa se\u00f1ora de mediana edad desempe\u00f1ar una acci\u00f3n que cualquier treinta\u00f1ero del planeta es capaz de realizar por s\u00ed solo, causaba por lo menos una inc\u00f3moda sonrisa. Y es que todos ignoraban que el Se\u00f1or C\u00e1ceres era lejos de ser un ordinario treinta\u00f1ero, y que ese aparentemente inexplicable gesto de la madre, la Se\u00f1ora C\u00e1ceres, era solamente una peque\u00f1a muestra de todas las atenciones que cada d\u00eda le dedicaba. Aun si ella estuviese rondando los sesenta y \u00e9l hubiese superado los treinta. Pues la condici\u00f3n de avanzado retardo mental que afectaba al Se\u00f1or C\u00e1ceres desde su nacimiento no iba a mejorar con la edad: era irreversible. As\u00ed que algo que pod\u00eda resultar una tarea sencilla y hasta mec\u00e1nica, se volv\u00eda para \u00e9l una empresa tit\u00e1nica y hasta peligrosa. Algo como cortar el bist\u00e9, hacerse el nudo de la corbata, abotonarse la camisa, o incluso amarrarse los pasadores de los zapatos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Era ella quien lo vest\u00eda todos los d\u00edas tan elegante para ir a almorzar juntos, ella lo peinaba con gel hasta que su cabello quedara perfectamente inm\u00f3vil y reluciente. Y si antes la Se\u00f1ora C\u00e1ceres pod\u00eda contar con la ayuda del originario Se\u00f1or C\u00e1ceres, el pap\u00e1 del Se\u00f1or C\u00e1ceres menor, con el que compart\u00eda equitativamente todas esas aparentemente tediosas tareas, desde que hab\u00eda enviudado, unos ochos a\u00f1os atr\u00e1s, llevaba todo el peso de esa responsabilidad sobre su cansada espalda que, pese a todo, segu\u00eda manteniendo dignamente erguida y derecha. Incluso tuvo que aprender a afeitarlo, pues hasta ese momento hab\u00eda sido el esposo que cada ma\u00f1ana se hab\u00eda encargado minuciosamente de su aseo. Al principio, se hab\u00eda convencido de que no habr\u00eda sido capaz pues la atemorizaba la idea de herirlo y hacerle sangrar. Las primeras veces fue meticulosa al m\u00e1ximo y lo hac\u00eda tan despacio que de pronto, no se sabe c\u00f3mo, ya era casi hora de ir a almorzar. Luego, desde que su hijo le dijo que lo afeitaba incluso mejor que el pap\u00e1, tom\u00f3 m\u00e1s confianza en s\u00ed misma. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Hab\u00eda rechazado cualquier asistencia que sus otras dos hijas le hab\u00edan generosamente ofrecido. Para ella era inadmisible que un extra\u00f1o tuviese que hacerse cargo de su mismo hijo. Nadie, y menos un desconocido, hubiera podido cuidarlo tan eficientemente como ella, y nadie m\u00e1s en el universo pod\u00eda realizar esas tareas que ser\u00edan fastidiosas para cualquiera sin emitir la menor queja, sino m\u00e1s bien con alegr\u00eda y devoci\u00f3n. Decir que tuviese paciencia tampoco ser\u00eda correcto, pues en ning\u00fan momento sent\u00eda que sus nervios fueran amenazados, ni que esa responsabilidad fuera en realidad una carga o un sacrificio. Es m\u00e1s, se sent\u00eda feliz de aliviar la condici\u00f3n de su hijo, de remediar, aunque sea ligeramente, esa terrible injusticia que lo hab\u00eda arrollado al nacer y de la que \u00e9l no ten\u00eda culpa, y seguramente menos culpa que cualquier otro. Menos culpa que los doctores, las enfermeras, incluso menos culpa que ella misma, que no pod\u00eda dejar de creer que, si lo hubiese empujado con m\u00e1s vehemencia a la vida, habr\u00eda salido \u00edntegro tanto mental como f\u00edsicamente. Aun si los doctores hab\u00edan refutado con firmeza esa disparatada teor\u00eda en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Si no hubiese sido por las complicaciones del parto, su espl\u00e9ndido hijo, adem\u00e1s de ser fuerte y tener un coraz\u00f3n de oro, que no hab\u00eda sido m\u00ednimamente trastocado por la enfermedad, habr\u00eda tenido una mente prodigiosa. Habr\u00eda podido ser f\u00edsico nuclear, un brillante matem\u00e1tico, un imp\u00e1vido aviador o un ilustre profesor como su padre. Cualquier cosa hubiese deseado. Una mam\u00e1 sabe esto y mucho m\u00e1s. No era necesario que sometieran a su hijo a una prueba de laboratorio, ni que una vidente se lo revelara, ella sab\u00eda que ten\u00eda capacidades fenomenales que habr\u00edan podido beneficiar a la humanidad entera y que, sin embargo, hab\u00edan sido truncadas por la negligencia de los m\u00e9dicos, o tal vez, por fuerzas ocultas y malignas. Cada vez que se abismaba en la profundidad de su mirada lograba entrever la chispa de una inteligencia superior que no hab\u00eda podido desarrollarse y escenas de un futuro que le hab\u00eda sido arrancado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Nada de lo que hiciera habr\u00eda sido suficiente, nada le habr\u00eda devuelto la vida exitosa que merec\u00eda, y justamente por eso hab\u00eda decidido que fuera su misi\u00f3n darle una vida por lo menos apacible. Cuando su esposo muri\u00f3 de c\u00e1ncer al pulm\u00f3n no se dio tiempo ni para hacer el duelo, su manera de recordarlo hab\u00eda sido usar ropa de colores sobrios y sombr\u00edos e ir a comer diariamente a su restaurante favorito, donde iban a almorzar los tres los fines de semanas, como una familia tradicional. Aunque hubiese deseado encerrarse en su cuarto noche y d\u00eda y dejar que su cuerpo lentamente se descomponga dentro de su cama, que regrese al polvo, sigui\u00f3 su rutina tal cual la hab\u00eda armado con su esposo, sigui\u00f3 pendiente de su hijo las veinticuatro horas del d\u00eda, incluso con un esfuerzo incrementado, para evitar que los tiempos vac\u00edos le hicieran extra\u00f1ar a su padre. Se volvieron uno el refugio del otro.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Eso era evidente cuando se los ve\u00eda llegar y partir del restaurante, siempre caminando agarrados del brazo, pegados como dos imanes, como dos mitades de un cuerpo irregular. Imposible adivinar qui\u00e9n de los dos sosten\u00eda al otro, qui\u00e9n necesitaba m\u00e1s de ese apoyo. Impactaba ver la figura fina y esbelta de ella al lado de ese hombre alto y robusto que parec\u00eda encorvar la espalda a prop\u00f3sito para complacer a su madre, para mantenerse cerca de ella y poder susurrarle palabras de amor: \u201cQu\u00e9 guapa est\u00e1s hoy, mam\u00e1.\u201d Ella, agradecida por esa caballerosidad, le contestaba con una sonrisa de oreja a oreja: \u201cT\u00fa tambi\u00e9n est\u00e1s guap\u00edsimo, hijo m\u00edo.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Era una pareja bastante original y algo exc\u00e9ntrica. Todos los d\u00edas ocupaban la misma mesa en la terraza climatizada del local, la primera a la izquierda contando desde el pasillo de ingreso, para que los meseros pudiesen verlos y atenderlos prontamente. 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