{"id":366,"date":"2019-10-26T14:18:29","date_gmt":"2019-10-26T19:18:29","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=366"},"modified":"2019-11-04T12:58:26","modified_gmt":"2019-11-04T17:58:26","slug":"la-busqueda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/la-busqueda\/","title":{"rendered":"La b\u00fasqueda"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">No hay nada m\u00e1s natural para una hija adoptada de ir en b\u00fasqueda de sus padres carnales. Cuando los padres adoptivos deciden adoptar a un ni\u00f1o o una ni\u00f1a ya saben en el fondo, aunque no quieran admitirlo, que de ninguna manera podr\u00e1n detenerlo. Algunos cr\u00edan a esos ni\u00f1os con el miedo de que un d\u00eda no muy lejano se vuelvan adultos capaces de tomar sus propias decisiones y que esas decisiones podr\u00edan alejarlos de ellos irremediablemente. Pero se est\u00e1n enga\u00f1ando, porque esa eventualidad es en realidad algo que ocurrir\u00e1 de todas maneras, y de nada sirve temer ese momento, intentar postergarlo o incluso obstaculizarlo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mis padres adoptivos nunca me dieron la impresi\u00f3n de querer evitarlo. Es m\u00e1s; siempre me ofrecieron todas las facilidades para que el d\u00eda que me sintiera lista para empezar la b\u00fasqueda supiera claramente c\u00f3mo hacerlo. Nunca me ocultaron ninguna informaci\u00f3n, ning\u00fan dato que pudiera servirme para completar ese rompecabezas que eran mis primeros meses de vida y, por lo tanto, mi vida entera. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Todas las\nhistorias de los hijos adoptivos que son criados amorosamente por una familia\ncon la que no comparten v\u00ednculos sangu\u00edneos, hasta el momento en que sienten el\nimperativo de rastrear sus or\u00edgenes, se asemejan. El conflicto interior que los\natormenta durante mucho tiempo, la sensaci\u00f3n de estar haciendo algo condenable,\ntambi\u00e9n nos une a todos. Es lo que hallamos al decidir empezar la b\u00fasqueda que\nnos diferencia. As\u00ed que esta es mi historia; la historia de lo que yo encontr\u00e9.\nPor lo menos el principio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mi mam\u00e1\u2026mi mam\u00e1 me da una ternura incontenible. Es una mujer fuerte, brillante, tiene un c\u00f3digo moral que respeta r\u00edgidamente en las peque\u00f1as y en las grandes circunstancias. Siempre hace lo que es correcto, incluso cuando le es doloroso. Ella nunca lo dud\u00f3. El d\u00eda en que me mostr\u00f3 mis documentos de adopci\u00f3n habl\u00f3 con una voz firme, despejada, la mirada decidida, los gestos parec\u00edan los de un sacerdote que oficia la misma misa de todos los d\u00edas; la misma resoluci\u00f3n, el mismo aire acostumbrado. No temblaba, sus manos sab\u00edan perfectamente cu\u00e1l caj\u00f3n abrir, cu\u00e1l carpeta sacar, qu\u00e9 papeles entregarme y c\u00f3mo tocarme la espalda para hacerme entender que no me habr\u00eda guardado resentimiento, que respetaba sea cual fuere mi voluntad. Los ojos en ning\u00fan momento se le humedecieron. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Me pongo a pensar en cu\u00e1ntas veces habr\u00e1 tenido que ensayar la misma escena antes de hablarme solemnemente aquella vez, hasta estar completamente segura de estar en pleno control de sus emociones y no dejar que estas la dominen a ella. Cu\u00e1ntas veces se le habr\u00e1 quebrado la voz sin que yo estuviera a su lado para abrazarla. Me dej\u00f3 sola en su cuarto con las pruebas irrefutables de que yo no era su hija natural, que no hab\u00eda nacido de su cuerpo. Puedo imaginar cu\u00e1ntas veces habr\u00e1 querido quemarlas, hacer como si nunca hubiesen existido y, sin embargo, las conserv\u00f3 todos esos a\u00f1os porque sab\u00eda que yo las habr\u00eda necesitado. Se fue con un paso sordo, con la convicci\u00f3n y la pesadez de quien siempre toma la direcci\u00f3n correcta, la decisi\u00f3n correcta, dej\u00e1ndome con la cabeza llena de preguntas cuyas respuestas mi mam\u00e1 no conoc\u00eda, no pod\u00eda d\u00e1rmelas aun as\u00ed fuera lo que m\u00e1s quer\u00eda en este mundo, con toda su alma. Por lo menos, no <em>esta <\/em>mam\u00e1. Era otra a la que ten\u00eda que dirigirme. Esa noche la escuch\u00e9, a trav\u00e9s de la pared fr\u00eda que separaba mi cuarto del de mis padres, derramar las l\u00e1grimas que se hab\u00eda aguantado hasta ese minuto y dese\u00e9 con todas mis fuerzas que la tierra me tragara y me escupiera en una isla desierta donde ser\u00eda incapaz de lastimar a quien sea. Acababa de cumplir dieciocho a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Desde muy temprana edad, mis pap\u00e1s me hablaron con la mayor sinceridad y naturalidad de c\u00f3mo me hab\u00edan elegido entre docenas de ni\u00f1os para que fuera su hija. No me enter\u00e9 de forma abrupta, dram\u00e1tica, el m\u00edo no fue ning\u00fan descubrimiento traum\u00e1tico. Crec\u00ed siendo consciente de la verdad y por eso, por m\u00e1s que lo intente, no logro recuperar en el vertiginoso pozo de mi memoria, el recuerdo de la primera vez en que mis padres me hablaron del tema. Puede porque en realidad nunca hubo ese momento fat\u00eddico, no hubo una \u201crevelaci\u00f3n\u201d. Es como si siempre lo hubiera sabido. Y saberlo no me cre\u00f3 ning\u00fan complejo de inferioridad. No me sent\u00eda menos afortunada en comparaci\u00f3n con mis amigos. Quiz\u00e1 puede que me sintiera incluso privilegiada. Pues ellos no hab\u00edan tenido la suerte de ser elegidos, algo que mis padres sol\u00edan resaltar con orgullo. Nunca podr\u00e9 agradecerles lo suficiente por no haberme encapsulado en una mentira de cristal que terminar\u00eda derrumb\u00e1ndose y cuyos a\u00f1icos todav\u00eda llevar\u00eda clavados en el pecho; con el fr\u00edvolo pretexto de protegerme. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Solo puedo imaginar cu\u00e1nta confusi\u00f3n habr\u00eda podido probar al mirarme en el espejo y no encontrar ni un remoto parecido con ninguno de los dos. Habr\u00eda vivido invadida por las dudas, rondada por una inquietud que solo la verdad habr\u00eda podido disipar, pero \u00bfa qu\u00e9 precio? Quiz\u00e1s habr\u00eda crecido rechazando mi propio cuerpo, por ser distinto al de mis padres, habr\u00eda cre\u00eddo que fuera anormal y lo habr\u00eda detestado violentamente. Mientras que ellos me ense\u00f1aron a amarlo, a quererme y aceptarme. A amar mis ojos levemente achinados, mi nariz que no es tan perfilada como la de ellos, mi cabellera negra, mi piel color canela. Me ense\u00f1aron que en el pa\u00eds donde nac\u00ed hay cantidad de gente parecida a m\u00ed. Y me alentaron a que aprendiera su lengua, a que estudiara su historia, me interesara en su cultura. A cultivar ese v\u00ednculo que ten\u00eda con \u00e9l debido a la sangre que corre en mis venas, la sangre de un pueblo que radica en un territorio donde descansan los huesos de las generaciones que me han precedido, que han tenido que nacer, vivir y por \u00faltimo morir para que yo est\u00e9 aqu\u00ed respirando este aire. La vastedad del oc\u00e9ano me separaba de ese pa\u00eds, que hasta ahora me cuesta reconocer como m\u00edo. Hasta que, dos a\u00f1os despu\u00e9s del d\u00eda en que mi mam\u00e1 me habl\u00f3 y me entreg\u00f3 la documentaci\u00f3n, decid\u00ed cruzarlo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Emprend\u00ed el viaje que me llev\u00f3 ac\u00e1, a este oasis rodeado por miles de dunas atestadas de gente que en cualquier momento podr\u00edan ser succionadas por el inmenso arenal. Digeridas hasta las entra\u00f1as de la tierra. Mi gente. Fueron necesarios dos a\u00f1os para madurar la decisi\u00f3n que siempre llev\u00e9 conmigo, para que pudiera sujetarse sobre piernas fuertes, echarse a andar. Fueron necesarios dos a\u00f1os para superar la culpabilidad y perdonarme por lo que iba a hacer, por lo que siempre supe que iba a hacer alg\u00fan d\u00eda. En esos dos a\u00f1os no volv\u00ed a tocar el tema tan sensible del viaje con mis padres. No quise remover el dedo en la llaga que con impotencia hab\u00eda visto brotar en el coraz\u00f3n de mi mam\u00e1, por lo menos no hasta que se acercara el d\u00eda de mi partida. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Estuve evaluando cu\u00e1l ser\u00eda la mejor forma de viajar. No quer\u00eda hacerlo como turista, me habr\u00eda sentido una impostora. Lo que deseaba era tener el tiempo suficiente para tener una visi\u00f3n m\u00e1s o menos fiel de la realidad de este pa\u00eds, vivir el d\u00eda a d\u00eda, conversar con las personas, conocer sus costumbres, establecer con ellos una conexi\u00f3n profunda, aprender de ellos. Quer\u00eda quedarme el tiempo necesario para llegar a sentirme c\u00f3moda, a perder el miedo a sus calles y a sus habitantes y dejar de sentirme extranjera. As\u00ed que averig\u00fc\u00e9 sobre programas de voluntariado de seis meses a un a\u00f1o de duraci\u00f3n. La idea me pareci\u00f3 perfecta. Adem\u00e1s de poder quedarme el tiempo que deseaba, podr\u00eda ayudar a la poblaci\u00f3n que de alguna manera hab\u00eda abandonado al salir del pa\u00eds reci\u00e9n nacida. Hacer lo m\u00ednimo, aunque sea, lo que en veinte a\u00f1os de vida no hab\u00eda tenido la oportunidad de hacer. Compensar el vac\u00edo de mi ausencia, la lejan\u00eda a la que hab\u00eda sido obligada y que seguir\u00eda manteniendo una vez que mi voluntariado llegase al t\u00e9rmino. La lejan\u00eda de su gente, sus necesidades, sus miserias. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Eleg\u00ed entonces una asociaci\u00f3n de cooperaci\u00f3n que ten\u00eda proyectos sociales en la capital y postul\u00e9 al puesto de voluntaria. Todo lo hice a oscuras de mis padres, de nada serv\u00eda hacerles preocupar sin tener la certeza de que me habr\u00edan contratado. Pero el destino empez\u00f3 a mover sus hilos invisibles de inmediato y no tard\u00e9 mucho en recibir una respuesta positiva de la asociaci\u00f3n. Un par de semanas luego del env\u00edo de mi candidatura ya estaba planeando mi viaje al otro lado del Atl\u00e1ntico, y al culminar el verano ya estaba volando sobre \u00e9l. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Es indescriptible la sensaci\u00f3n que me embarg\u00f3 al encontrarme arriba, en el cielo. Iba controlando de a pocos las millas que me separaban de la tierra firme a trav\u00e9s de la pantalla instalada en el asiento frente al m\u00edo. Y mientras el \u00edcono del avi\u00f3n se iba moviendo de a pocos, mi coraz\u00f3n tambi\u00e9n se iba acelerando. Mi vecino seguramente se habr\u00e1 sentido confundido viendo que prefer\u00eda mirar la trayectoria del vuelo antes que las \u00faltimas pel\u00edculas en cartelera. En realidad, mi vida hab\u00eda superado cualquier pel\u00edcula, cualquier ficci\u00f3n, pero esto nadie pod\u00eda sospecharlo. Luego me puse a admirar las nubes por la ventanilla y tem\u00ed que en cualquier momento pod\u00eda despertar de ese sue\u00f1o. Me sent\u00eda una de esas nubes, rarificada, precaria, fluctuante. Y cuando las ruedas del avi\u00f3n por fin tocaron el suelo, sent\u00ed que esa era mi ocasi\u00f3n para asumir una nueva forma, mayor consistencia. Ser un cuerpo s\u00f3lido al fin. Saber de d\u00f3nde ven\u00eda para saber a d\u00f3nde ir. Siempre he tenido la impresi\u00f3n de ser una obra inconclusa, interrumpida, como si me hubiesen pintado de manera perezosa y so\u00f1olienta. Al fin yo tambi\u00e9n tendr\u00eda contornos delineados. Encontrar\u00eda el pedazo que siempre sent\u00ed que me faltaba.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Sin embargo, al bajar del avi\u00f3n y al perderme entre la muchedumbre del aeropuerto no fue como lo esperaba. Era un lugar completamente desconocido para m\u00ed. Ten\u00eda la esperanza de reconocer alg\u00fan detalle, sentir una s\u00fabita sensaci\u00f3n de familiaridad. Pero solo sent\u00ed extra\u00f1amiento. No hubo ning\u00fan <em>d\u00e9j\u00e0-vu<\/em>, ninguna epifan\u00eda. S\u00e9 que cuando me fui era demasiado peque\u00f1a para grabar recuerdos de largo plazo. Aun as\u00ed, hab\u00eda pensado, ingenuamente, que mi cuerpo entender\u00eda, entender\u00eda de haber llegado al lugar de donde fue desarraigado a su pesar. Cuestion\u00e9 mi decisi\u00f3n por primera vez, de pronto me pareci\u00f3 que me habr\u00eda causado m\u00e1s decepciones de las que pod\u00eda tolerar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">En el taxi en direcci\u00f3n del departamento donde me quedar\u00eda doce meses me puse a contemplar el paisaje por el vidrio. Debido a la hora temprana la ruta estaba todav\u00eda libre. Fuimos todo de frente, casi no encontramos curvas y no tomamos desv\u00edos. Al margen de la autopista se erig\u00edan viviendas como jam\u00e1s hab\u00eda visto. Se extend\u00edan hasta muy adentro, se perd\u00edan en el horizonte. Todas las viviendas se parec\u00edan, ten\u00edan un techo plano, parecido a una terraza, donde pon\u00edan a secar la ropa reci\u00e9n lavada, y desde el cual algunos perros asomaban el hocico para ladrarle a los carros. Se ve\u00edan letreros de cart\u00f3n que se\u00f1alaban la presencia de comercios: peluquer\u00edas, lavado de autos, estudios de dentistas, tiendas de comida, etc. En varios letreros aparec\u00edan im\u00e1genes de mujeres con cuerpos voluptuosos comprimidos en prendas demasiado estrechas, a pesar de no tener ninguna relaci\u00f3n con el producto o el servicio que ofrec\u00edan. Fuera de algunas casas descansaban bolsas de basura amontonadas desde no s\u00e9 hac\u00eda cu\u00e1ntos d\u00edas y un polvo muy sutil lo envolv\u00eda todo como si no hubiese llovido en a\u00f1os, lo cual le entregaba una apariencia desolada y descuidada. De no haber sido por las personas que circulaban desordenadamente por la vereda habr\u00eda parecido un pueblo fantasma. Pero acerc\u00e1ndonos al mar el panorama empez\u00f3 a cambiar. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">El viento engendrado por las corrientes marinas y que soplaba hasta ah\u00ed se llev\u00f3 el polvo, limpi\u00f3 las calles de la suciedad y la incuria. Los letreros iban disminuyendo y los edificios se volv\u00edan m\u00e1s altos y dignos. A medida que avanz\u00e1bamos hac\u00eda la zona donde residir\u00eda, se empezaba a vislumbrar alg\u00fan toque de vegetaci\u00f3n. Se multiplicaron los pastos verdes y los \u00e1rboles. El desierto abri\u00f3 el paso al oasis. Me pareci\u00f3 haber llegado a una segunda ciudad. De pronto sent\u00ed que eso, de alguna manera, estaba relacionado con mi abandono. Sin querer, estaba ya empezando a responder las primeras preguntas. Intu\u00ed inmediata y dolorosamente a cu\u00e1l de las dos ciudades pertenec\u00eda. Si hubiese nacido en la de rascacielos y vegetaci\u00f3n frondosa, probablemente seguir\u00eda ah\u00ed todav\u00eda. Otra hubiese sido la historia. Me identifiqu\u00e9 con mi madre, tuve la corazonada de que  en su lugar habr\u00eda actuado igual. Entender sus razones fue hasta demasiado f\u00e1cil, desde la ventana de ese auto en movimiento. Le agradec\u00ed silenciosamente. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La asociaci\u00f3n me dej\u00f3 la primera semana para aclimatarme, conocer el resto del equipo y los nuevos voluntarios j\u00f3venes que hab\u00edan llegado de diferentes partes del mundo. Los colegas de la oficina eran muy amables, pero no hubo forma de ocultarles que ten\u00edamos unos cuantos genes en com\u00fan. Al escuchar mi historia quedaban sorprendidos, y al contarla yo tambi\u00e9n me sorprend\u00eda. Despu\u00e9s de veinte a\u00f1os viviendo en otro continente, hab\u00eda dejado todas mis comodidades, los afectos que he cultivado, mi familia, mis amigos y \u00bfpara encontrar qu\u00e9?, \u00bfcon cu\u00e1les expectativas? Hay veces en que me sent\u00eda muy valiente, otras muy boba. M\u00e1s lo contaba y menos me lo cre\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Fue una semana larga, intensa, extenuante. Todas las noches acababa mojando mi almohada por el miedo a descubrir algo que no me gustara. O peor, a no descubrir nada, al tener que regresarme con esa misma sensaci\u00f3n de vac\u00edo con la que pensaba de estar condenada a convivir por el resto de mi vida, a no sentirme entera jam\u00e1s. Entonces llamaba a mi mam\u00e1 y ella era la que me motivaba. Habr\u00eda sido muy simple para ella decirme: \u201cLuz, nadie te obliga a hacer esto. Coge el primer vuelo y vuelve a casa. Tu pap\u00e1 y yo te esperamos.\u201d Estoy segura de que, si en un momento de debilidad me lo hubiese dicho, yo habr\u00eda cedido. Habr\u00eda comprado el primer pasaje de vuelta, pues tan fuerte era el deseo de encontrar una escapatoria a ese caos que me perturbaba. Quiz\u00e1s fuera eso lo que quer\u00eda o\u00edr una parte de m\u00ed. Una parte de m\u00ed se mor\u00eda por escuchar esas palabras que sab\u00eda ten\u00edan el poder de librarme como una f\u00f3rmula m\u00e1gica, pero mi mam\u00e1 se mordi\u00f3 la lengua antes que pronunciarlas. Y al fin, fue lo que pas\u00f3 la semana siguiente que disip\u00f3 mis miedos por completo y que me inyect\u00f3 de una energ\u00eda renovada. Es algo que escapa a mi raz\u00f3n y a mi entendimiento\u2026 ni s\u00e9 muy bien c\u00f3mo explicarlo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Mi asociaci\u00f3n ten\u00eda proyectos de acompa\u00f1amiento social en distintos sectores perif\u00e9ricos de la ciudad. Nuestro rol como voluntarios no se limitaba a quedarnos en la oficina realizando las tareas administrativas, para eso ya ten\u00eda suficiente personal. Nosotros ten\u00edamos que dividirnos por zonas y trabajar en el campo, codo a codo con la poblaci\u00f3n de los distritos en proyectos de higiene y saneamiento, educaci\u00f3n y emprendimiento. A m\u00ed y a otro par de voluntarios nos asignaron un sector cuyo nombre me sonaba conocido, Villa del Carmen, para asistir un grupo de ni\u00f1os con sus deberes escolares y organizar actividades recreacionales junto a ellos. Villa del Carmen, Villa del Carmen\u2026No tuve que pensar mucho para acordarme d\u00f3nde hab\u00eda visto ese nombre, pues hab\u00eda le\u00eddo esos documentos tantas veces que se me quedaron impresos en la retina. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Justo ah\u00ed, en ese barrio que no figura ni entre los m\u00e1s poblados ni entre los m\u00e1s extensos, se encuentra el hospital p\u00fablico donde nac\u00ed, donde fue firmada la autorizaci\u00f3n para darme en adopci\u00f3n. Ese era el nombre que estaba estampado en el papel que guardaba al fondo de mi maleta. De pronto las chances de encontrar lo que estaba buscando subieron de una a un mill\u00f3n. O por lo menos, as\u00ed fue como yo interpret\u00e9 esa se\u00f1al. Fue el principio de una serie de eventos que algunos podr\u00edan llamar \u201ccoincidencias\u201d, pero sin duda yo no. Ahora menos que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay nada m\u00e1s natural para una hija adoptada de ir en b\u00fasqueda de sus padres carnales. Cuando los padres adoptivos deciden adoptar a un ni\u00f1o o una ni\u00f1a ya saben en el fondo, aunque no quieran admitirlo, que de ninguna manera podr\u00e1n detenerlo. 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