{"id":342,"date":"2019-09-28T15:30:45","date_gmt":"2019-09-28T20:30:45","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=342"},"modified":"2019-11-04T12:58:53","modified_gmt":"2019-11-04T17:58:53","slug":"elogio-de-la-fealdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/elogio-de-la-fealdad\/","title":{"rendered":"Elogio de la fealdad"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Muchas son las cosas que nuestro portero sabe sobre nosotros, los inquilinos, y muy pocas las que nosotros sabemos acerca de nuestro portero. Gregorio conoc\u00eda los nombres y apellidos de las cuarenta y dos personas distribuidas en los cuatro pisos del edificio que vigilaba. Sab\u00eda en qu\u00e9 piso viv\u00edan, si sol\u00edan tomar el ascensor o prefer\u00edan ir por las escaleras. Cu\u00e1ntas personas se concentraban en cada departamento, si eran familias, parejas j\u00f3venes, solteros, viudos o divorciados. Lo que com\u00fanmente todos los porteros saben sobre las personas que habitan su lugar de trabajo. Sin embargo, Gregorio, que era muy observador y tomaba su labor extremadamente en serio, tambi\u00e9n conoc\u00eda todas sus peque\u00f1as costumbres, rituales y vicios; como si de eso dependiera brindar un mejor servicio o apagar un incendio prontamente al presentarse la necesidad. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Sab\u00eda con exactitud la hora a la que cada\npersona dejaba el edificio para ir a trabajar, y a qu\u00e9 hora estar\u00eda de regreso.\nCu\u00e1l era el medio de transporte qu\u00e9 prefer\u00edan. El horario en que sacaban a las\nmascotas y cu\u00e1ntas veces por d\u00eda. Por la forma de arreglarse, adivinaba si el\ninquilino o la inquilina sal\u00edan a hacer compras al supermercado o a una cita y,\npor la intensidad del olor a colonia que desprend\u00edan, si se encontrar\u00edan con su\nc\u00f3nyuge leg\u00edtimo o un amante. Sab\u00eda qui\u00e9nes eran los deportistas, y la hora a\nla que sal\u00edan a correr por el malec\u00f3n, y qui\u00e9nes los ociosos que hasta para ir\na la esquina prefer\u00edan llamar un taxi. Qui\u00e9nes los vanidosos que hasta para\nbajar a recoger el correo ten\u00edan que asearse y ponerse ropa perfectamente\nplanchada, y los distra\u00eddos que a veces incluso se olvidaban peinarse. Por los\nrestaurantes que les llevaban los pedidos de <em>delivery<\/em>,\nsab\u00eda cu\u00e1les eran sus comidas favoritas, si la japonesa, la italiana, la hind\u00fa\no la mexicana. Por los modales de los ni\u00f1os y su forma de saludarlo, si los\npadres eran personas de bien o fanfarrones pomposos. Por la sonrisa o la mueca\nde insatisfacci\u00f3n en los rostros, al salir o al regresar, si hab\u00edan peleado con\nsu pareja o si su jefe acababa de rega\u00f1arlos. Estas son algunas de las cosas\nque Gregorio sab\u00eda y que guardaba para s\u00ed solo, como si fueran secretos\nprofesionales que sus \u201cclientes\u201d, los inquilinos, le hubiesen confiado en un\ndado momento. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Nunca se le pas\u00f3 por la cabeza utilizar\nesa \u201cinformaci\u00f3n confidencial\u201d para esparcir chismes, ya que cre\u00eda que estos\nson como bolas de nieve y una vez que empiezan a circular no hay manera de\ndetenerlos y \u00e9l mismo pod\u00eda verse envuelto. Pero s\u00ed la aprovechaba para cumplir\ncon altos est\u00e1ndares de eficiencia. Si ve\u00eda, por ejemplo, que la Se\u00f1ora\nLombardi del segundo piso a las ocho en punto a\u00fan no hab\u00eda cruzado la puerta\ndel ascensor, sab\u00eda que bajar\u00eda en seguida, de prisa y alborotada. Entonces se\niba alistando y se manten\u00eda alerta para poder precipitarse a abrirle la puerta\nde vidrio que daba a la calle y dejarla salir embalada a tomar su taxi. En\ninvierno, cuando el Se\u00f1or Mel\u00e9ndez del cuarto piso sal\u00eda a pasear sus dos\nperritos, se aseguraba de secar minuciosamente las escaleras de la entrada del\nroc\u00edo matutino. Las mascotas siempre lo jalaban con fuerza, impacientes de\nsaborear su breve momento de libertad o m\u00e1s sencillamente de hacer sus\nnecesidades, y si se hubiera resbalado a su veneranda edad habr\u00eda podido\nfracturarse el f\u00e9mur o alguno otro hueso. Habiendo notado todos los esfuerzos\nque hac\u00eda el Se\u00f1or Jara, del segundo piso, por levantarse cada ma\u00f1ana a las\nseis y salir a correr, intentaba motivarlo y animarlo dici\u00e9ndole que cada d\u00eda\nlo ve\u00eda m\u00e1s delgado y rejuvenecido. Cuando la Se\u00f1orita Margarita, del primer\npiso, regresaba en la madrugada tambaleando y con el maquillaje derretido,\nsab\u00eda que ten\u00eda que acompa\u00f1arla hasta su departamento para ayudarla a meter la\nllave en el ojo de la cerradura. Y al igual ten\u00eda muchos otros detalles con\ntodo el resto de inquilinos que demostraban apreciarlos, pero que ignoraban en\nabsoluto la preparaci\u00f3n y atenci\u00f3n que requer\u00edan. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">De la vida de Gregorio, en realidad, ignoraban casi todo. No sab\u00edan que para llegar a esa zona, uno de los barrios m\u00e1s acomodados y tur\u00edsticos de la ciudad, se quedaba m\u00e1s de dos horas atrapado entre una multitud de veh\u00edculos y bocinas que eran las fieles representaciones de la c\u00f3lera de los conductores. Ni que, sin embargo, \u00e9l hac\u00eda ese tramo contento, por lo que prefer\u00eda trabajar lejos del antro donde viv\u00eda y cerca del mar. El punzante olor que penetraba por las ventanas del edificio y que le recordaba el peque\u00f1o pueblo de pescadores donde hab\u00eda nacido, era lo m\u00e1s familiar y reconfortante de esa metr\u00f3poli en la que, de otra manera, se sentir\u00eda perdido y ajeno. Claro que nunca habr\u00eda podido pagarse un alquiler en ese distrito, esas eran fantas\u00edas que nunca se daba el lujo de tener. Pero con solo trabajar a unos cientos de metros de donde se extend\u00eda el oc\u00e9ano, tan gris como el cielo que reflejaba, el mismo que ba\u00f1aba las costas de su pueblo, era suficiente para hacerle valorar esa vida mon\u00f3tona que llevaba desde hace m\u00e1s de quince a\u00f1os. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Todos los d\u00edas, menos el domingo, se\nlevantaba a las cinco de la ma\u00f1ana para plancharse devotamente la camisa, la\n\u00fanica que ten\u00eda, y el terno que hab\u00eda pertenecido a un t\u00edo difunto y cuyo\npantal\u00f3n le quedaba suelto en las caderas, abult\u00e1ndose como un atuendo\ncircense. Luego se anudaba la corbata azul al cuello mientras se miraba en el\nespejo del ba\u00f1o, viendo c\u00f3mo el reflejo de su sonrisa era atravesado por una\ngrieta provocada por un temblor de hac\u00eda a\u00f1os. Pues la pobreza se r\u00ede en la\ncara de los supersticiosos. Pon\u00eda su almuerzo en su mochila, casi siempre arroz\ncon alg\u00fan guiso, y se iba a coger el primer bus. Estaba conforme con lo que\nten\u00eda, consideraba que nada le faltaba para sentirse satisfecho de su\nexistencia sin pretensiones, de la estabilidad que hab\u00eda conseguido. O casi. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Gregorio nunca hab\u00eda deseado nada que no\nle perteneciera, la envidia era un sentimiento que desconoc\u00eda, no formaba parte\nde su simplona naturaleza. Sin embargo, en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n, mirando a las\nfamilias alegres que cruzaban el ingreso, se hab\u00eda sorprendido fantaseando\nsobre tener una esposa que lo besara cuando volviera exhausto del trabajo, y\nni\u00f1os que llevar\u00eda a jugar al parque los domingos. Suspiraba decepcionado al\ndarse cuenta de que esas im\u00e1genes solo eran proyecciones de su cabeza. Nunca\nhab\u00eda compartido esos pensamientos con ning\u00fan otro ser vivo, por el temor que\nal hacerlo se habr\u00eda burlado de los anhelos de su insensato coraz\u00f3n, y los\ninquilinos nada sospechaban al respecto. Al haberlo sabido, habr\u00edan quiz\u00e1\nsentido l\u00e1stima por ese sue\u00f1o que les sonar\u00eda tan inveros\u00edmil como el de que\nsea repentinamente nombrado embajador de Espa\u00f1a. Pues su aspecto exterior era\nun obst\u00e1culo considerable. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Su rostro era feo, pero no de ese tipo de\nfealdad que asusta a la gente. La fealdad que asusta es el resultado de un\nconjunto de elementos ordinarios de los que de pronto te percatas que hay uno\nque contrasta quebrando la armon\u00eda. No se puede calificar de \u201cdefecto\u201d, por lo\nque ese mismo elemento en otros rostros tal vez no suscitar\u00eda el mismo efecto\nde repulsi\u00f3n. Es un atributo raro, extra\u00f1o, que te hace dudar de la realidad de\nese rostro, de su carnalidad. Eso es lo que asusta; tener la impresi\u00f3n de que\nuna m\u00e1quina con aspecto humano est\u00e9 caminando entre nosotros con qui\u00e9n sabe\ncu\u00e1les turbios objetivos. El miedo proviene de ese sentimiento de no poder\npredecir sus actos, del recelo que emana esa nariz que cuelga demasiado y\nrecuerda un trampol\u00edn, o el garfio de un pirata, esos ojos que quieren fundirse\nen una haza\u00f1a cicl\u00f3pea, esos labios demasiado finos que parecen callar los\npeores tormentos, o esa piel que parece cera a punto de derretirse sin que\npuedas intuir qu\u00e9 aflorar\u00e1 desde atr\u00e1s, desde qui\u00e9n sabe cu\u00e1les abismos.\nDetalles an\u00f3malos en rostros perfectamente comunes que los vuelven curiosamente\nespantosos. Detalles que como una ruidosa sirena sobresalen y nos se\u00f1alan:\ncuidado, esta apariencia oculta secretos inconfesables. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Pero su rostro no; su fealdad pod\u00eda\ncalificarse de reconfortante, incluso estremecedora. Su cara parec\u00eda una luna\nllena por su redondez y los cr\u00e1teres que la ornamentaban, vestigios de una\nansiosa adolescencia. Su nariz ancha se asomaba encima de una boca casi siempre\nestirada en una torpe sonrisa, dejando que sus dientes prominentes se lucieran\na\u00fan m\u00e1s. Sus ojos eran dos arvejas negras y brillaban de un infantil estupor.\nTodos esos detalles que tomados separadamente eran horribles, en la composici\u00f3n\nse volv\u00edan irremplazables. Las curvas eran las l\u00edneas que m\u00e1s se repet\u00edan,\ndesde los l\u00f3bulos de sus orejas hasta su calva perfectamente ovalada y la\nsinuosa barriga, confiri\u00e9ndole la dulzura de las pendientes y de los nevados.\nSu apariencia lo asemejaba a un enorme juguete con el que los ni\u00f1os podr\u00edan\nentretenerse largas horas sin correr el riesgo de hacerse da\u00f1o. Justamente era <em>ese<\/em> tipo de feo, el que lejos de hacer huir a las\npersonas, atrae los abrazos de los ni\u00f1os. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Pero Gregorio no ten\u00eda ni\u00f1os que lo\nabrazaran, y tal vez nunca los tendr\u00eda, puesto que ya se acercaba a la\ncincuentena y no hab\u00eda conocido a ninguna mujer que desease tener hijos con \u00e9l,\npor lo que inevitablemente algo habr\u00edan heredado de los rasgos paternos.\nNinguna mujer se atrev\u00eda a mezclar su sangre con la suya, ninguna quer\u00eda la\nresponsabilidad de entregar al mundo peque\u00f1os Gregorios, ni tener que o\u00edr que\npeque\u00f1os Gregorios la llamasen \u201cmam\u00e1\u201d. Se rehusaban a poner sus firmas sobre\nesas obras de dudosa procedencia. Y Gregorio lo intu\u00eda, sent\u00eda el efecto de\nrepulsi\u00f3n que desencadenaba en las mujeres, lo adivinaba por su sonrisa\ncrispada, por su prisa cuando se deten\u00eda a hablarles, por las miradas furtivas que\nlanzaban a su alrededor y que gritaban entrel\u00edneas: \u00a1Auxilio! \u00a1Qu\u00e9 alguien me\nsalve! <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Pero si con las damas no ten\u00eda \u00e9xito, los ni\u00f1os del edificio s\u00ed sol\u00edan corresponderlo y hasta se le pegaban como moscos. Le mostraban sus dibujos y se alegraban de o\u00edr c\u00f3mo Gregorio elogiaba su estupenda imaginaci\u00f3n. Gregorio tambi\u00e9n dibujaba muy bien; se trataba de un don innato que en sus a\u00f1os de servicio le hab\u00eda servido para llenar los tiempos muertos, sobre todo antes de que inventaran los <em>smartphones<\/em>, pero que m\u00e1s all\u00e1 no le hab\u00eda producido ning\u00fan beneficio econ\u00f3mico ni se hab\u00eda revelado de ninguna utilidad. As\u00ed fue como \u00e9l tambi\u00e9n empez\u00f3 a compartir con los ni\u00f1os sus obras, si as\u00ed se pueden definir los garabatos con los que llenaba cualquier tipo de papel, desde servilletas a hojas arrancadas de peri\u00f3dicos y revistas, y ejecutados con grande maestr\u00eda. Los ni\u00f1os quedaron tan impresionados por su arte que empezaron a pedirles consejos. Si bien Gregorio segu\u00eda ostentando gran admiraci\u00f3n por los dibujos que le mostraban orgullosos, no pod\u00edan evitar hacer comparaciones y en ellos crec\u00eda una inevitable sensaci\u00f3n de frustraci\u00f3n. Los halagos ya no eran suficientes, deseaban aprender a dibujar tal como lo hac\u00eda el portero. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">As\u00ed fue como los ni\u00f1os del edificio\ncrearon una especie de club de dibujo a escondidas de sus padres, al que a\nveces dejaban que participaran sus amigos del vecindario. La vida de Gregorio dio\nun giro de 360 grados, aunque ni \u00e9l mismo estuviese enterado. Un discreto\nn\u00famero de ni\u00f1os, habr\u00e1n sido unos seis u ocho, de los siete a los once a\u00f1os,\nempez\u00f3 a acudir al portero con frecuencia, y aunque algunos adultos hubieran\npodido sentirse fastidiados por su insistencia, este no era el caso de Gregorio.\nEste \u00faltimo nunca hab\u00eda impartido ninguna clase ni ten\u00eda la costumbre de\ndispensar ense\u00f1anzas de ning\u00fan g\u00e9nero, pero se acomod\u00f3 muy r\u00e1pido en su nuevo\npapel de profesor. Le gustaba, por ejemplo, fijar un tema para los dibujos que\nlos ni\u00f1os tendr\u00edan que realizar: una vez fue un personaje de un dibujo animado,\notra un paisaje veraniego, una torta de cumplea\u00f1os, una criatura m\u00e1gica, una\nfamilia celebrando la Navidad, etc\u00e9tera. Luego, un d\u00eda, dio como consigna\ndibujar a la persona a la que m\u00e1s admiraban.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Todos los ni\u00f1os hab\u00edan elegido a sujetos\nmuy similares; las ni\u00f1as hab\u00edan mayormente retratado a sus madres y los ni\u00f1os a\nsus padres, aunque hubo dos excepciones. Un ni\u00f1o present\u00f3 el retrato del Hombre\nAra\u00f1a \u2013no estaba todav\u00eda completamente convencido de que los superh\u00e9roes fueran\npersonajes de fantas\u00eda\u2013 y otro, Juanito, uno de los mayores, mostr\u00f3 ante las\ndem\u00e1s caras estupefactas un hermoso retrato del mismo Gregorio. Juanito\nera uno de los ni\u00f1os m\u00e1s talentosos, su t\u00e9cnica necesitaba ser pulida todav\u00eda y\na veces el trazo de su l\u00e1piz era un poco tosco, pero sus dibujos nunca carec\u00edan\nde una marcada originalidad. Siendo tan joven ya parec\u00eda estar encamin\u00e1ndose\nhacia desarrollar un estilo propio. Juanito era un amigo y vecinito del ni\u00f1o\nJaime que viv\u00eda en el cuarto piso y fue gracias a \u00e9l que se enter\u00f3 del club, volvi\u00e9ndose\nuno de los alumnos m\u00e1s afanosos. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Frente al dibujo de Juanito, los ni\u00f1os\nquedaron boquiabiertos, pero no por la calidad de la ejecuci\u00f3n \u2013hemos dicho que\nJuanito ya hab\u00eda dado prueba de su talento\u2013 sino porque el sujeto del dibujo\nera Gregorio y a la vez no. Que fuera Gregorio era innegable, y todos al\nmirarlo la primera vez lo hab\u00edan reconocido de inmediato. Sin embargo, era muy\ndistinto al Gregorio de carne y hueso que en ese momento se encontraba sentado\nen su silla giratoria como de costumbre. Su dibujo era diferente del Gregorio original,\npero no por eso dejaba de ser realista y c\u00f3mo lo hab\u00eda logrado era un misterio\nque nadie podr\u00eda resolver. Pareciera que el peque\u00f1o Juanito hubiera\ntransformado en cualidades f\u00edsicas, las cualidades interiores de Gregorio, como\nsu nobleza, y el resultado fue una copia que lo superaba en belleza est\u00e9tica y\nque, a pesar de todo, no dejaba de ser fiel al original. Gregorio qued\u00f3 sin\npalabras; se sent\u00eda profundamente conmovido y no ser\u00eda excesivo pensar que ese\nfuese el d\u00eda m\u00e1s feliz de su vida. Sus ojos se llenaron de l\u00e1grimas, pero no\ndej\u00f3 que ni una sola se cayera hasta que los ni\u00f1os se hubiesen retirado. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Resulta que Juanito era hu\u00e9rfano de padre y que solo viv\u00eda con su madre a un par de cuadras. Desde la s\u00fabita muerte de su pap\u00e1, cuando \u00e9l solo ten\u00eda cuatro a\u00f1itos, su mam\u00e1 no volvi\u00f3 a casarse. Hab\u00eda salido con unos pretendientes en raras ocasiones, pero la relaci\u00f3n nunca se puso tan seria para invitarles a la casa y presentarles a Juanito. As\u00ed que cuando el ni\u00f1o conoci\u00f3 al portero, no ten\u00eda ning\u00fan modelo masculino con el que identificarse, y al ver que ambos compart\u00edan los mismos intereses y que Gregorio le ten\u00eda mucha m\u00e1s paciencia que cualquier otro adulto termin\u00f3 con elegirlo a \u00e9l de modelo. Sus t\u00edtulos, su oficio, su apariencia eran lo que menos le importaba. Cuando los ni\u00f1os se hubieron ido \u2013pues pronto ser\u00eda hora de cenar y no quer\u00edan ser castigados por no aparecer a tiempo\u2013 Juanito se qued\u00f3 unos minutos m\u00e1s. Su mam\u00e1 le hab\u00eda dado un mensaje para transmitir al Se\u00f1or Gregorio. Se trataba de una invitaci\u00f3n a cenar para el d\u00eda siguiente. Al encontrar el dibujo de un extra\u00f1o que no ten\u00eda la menor idea de d\u00f3nde hab\u00eda salido y con cu\u00e1l prop\u00f3sito se acercaba a su hijo, pidi\u00f3 explicaciones a Juanito. Entonces el ni\u00f1o le cont\u00f3 sobre el club de dibujo y habl\u00f3 de Gregorio con tanto \u00e9nfasis que delat\u00f3 de inmediato toda la adulaci\u00f3n y el cari\u00f1o que le guardaba. La madre pens\u00f3 que invitarle a cenar ser\u00eda una buena idea, de tal manera podr\u00eda cerciorarse si ese tal Gregorio era alguien del que pod\u00eda fiarse, y a la vez hacer feliz a su hijo, que parec\u00eda entusiasmado de pasar cuanto m\u00e1s tiempo en su compa\u00f1\u00eda. Adem\u00e1s, por el retrato, parec\u00eda ser un gal\u00e1n encantador. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Gregorio cre\u00eda estar so\u00f1ando, no pod\u00eda recordar la \u00faltima vez que hab\u00eda recibido una invitaci\u00f3n para cenar. Claro que a veces los inquilinos le llevaban alg\u00fan contenedor con comida recalentada, pero nunca se hab\u00eda sentado con ellos a su mesa y entr\u00f3 en un estado de puro frenes\u00ed. La noche siguiente acudi\u00f3 a la cita con su traje habitual y un pantal\u00f3n de su talla que hab\u00eda comprado exclusivamente para esa ocasi\u00f3n. Cuando Gregorio cruz\u00f3 la puerta de su departamento, la mam\u00e1 de Juanito no pudo reprimir un grito interior que lleg\u00f3 a sacudirla por fuera. Con aire de gato arrinconado, mir\u00f3 a su alrededor para identificar alguna salida de emergencia, pero luego se acord\u00f3 de que esa era su casa y no ten\u00eda a d\u00f3nde m\u00e1s escaparse. Adem\u00e1s, ella misma era la autora de la invitaci\u00f3n y retractarse a \u00faltimo momento habr\u00eda sido una groser\u00eda imperdonable. As\u00ed que se recompuso r\u00e1pidamente, se sec\u00f3 en el mandil la mano con la que acababa de cortar la lechuga fresquita y la tendi\u00f3 t\u00edmidamente a Gregorio: \u201cEncantada de conocerla, Se\u00f1or Gregorio. Juanito no deja de hablarme de usted.\u201d <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La cena fue de las m\u00e1s exquisitas: asado de res al vino, pastel de papa, ensalada mixta y para culminar una tarta de fresas que era id\u00e9ntica a las que expon\u00edan en las vitrinas de las pasteler\u00edas finas que Gregorio contemplaba mientras se le hac\u00eda agua la boca. Pero, subrepticiamente, algo extra\u00f1o iba ocurriendo. Mientras Gregorio y Juanito conversaban animadamente sobre la escuela, la pintura, el club de dibujo, y m\u00e1s temas que parec\u00edan inagotables, la imagen del portero iba transform\u00e1ndose a los ojos de la viuda. Como por arte de magia y sin una raz\u00f3n evidente iba pareci\u00e9ndose cada vez menos al hombre que hab\u00eda cruzado la puerta de su casa unas horas antes, y m\u00e1s al dibujo que su hijo le hab\u00eda ense\u00f1ado.  <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Muchas son las cosas que nuestro portero sabe sobre nosotros, los inquilinos, y muy pocas las que nosotros sabemos acerca de nuestro portero. Gregorio conoc\u00eda los nombres y apellidos de las cuarenta y dos personas distribuidas en los cuatro pisos del edificio que vigilaba. Sab\u00eda en qu\u00e9 piso viv\u00edan, si sol\u00edan tomar el ascensor o [&hellip;]<\/p>","protected":false},"author":1,"featured_media":343,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"spay_email":"","footnotes":""},"categories":[1],"tags":[31,142,143,141,76,35,140],"aioseo_notices":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/vidasenprosa.com\/wp-content\/uploads\/2019\/09\/puerta.jpg","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/paMSNS-5w","jetpack_likes_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/342"}],"collection":[{"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=342"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/342\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":347,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/342\/revisions\/347"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/media\/343"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=342"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=342"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=342"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}