{"id":147,"date":"2019-03-22T14:46:49","date_gmt":"2019-03-22T19:46:49","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=147"},"modified":"2019-11-04T13:06:26","modified_gmt":"2019-11-04T18:06:26","slug":"chicas-de-la-calle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/chicas-de-la-calle\/","title":{"rendered":"Chicas de la calle"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\"> \u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De Daisy me impresion\u00f3 su alegr\u00eda y su cari\u00f1o. Cuando volv\u00ed a verla por segunda vez me llam\u00f3 por mi nombre y, con tal felicidad, que intu\u00ed que hab\u00eda estado esperando mi regreso. Me sent\u00ed mal por no acordarme el suyo, pero en seguida lo aprend\u00ed de una forma en que creo que jam\u00e1s se me va a olvidar. De Laura me impact\u00f3 su madurez y su l\u00f3gica. Le gustan las matem\u00e1ticas y dar buenos consejos a las personas que saben escucharlos. De Roberta su inocencia y su talento para el perd\u00f3n. El ser que m\u00e1s quiere es el que alguna vez la defraud\u00f3 y no crey\u00f3 en sus ojos limpios. De Elena, la fe que tiene en s\u00ed misma, la lucidez con la que protege sus sentimientos. De Esther fue su sinceridad y su franqueza. En un tono muy ponderado me revel\u00f3 que alguna vez pens\u00f3 en escaparse. Felizmente no lo hizo. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Maltrato,\nabandono, abusos, violencia. Son algunas de las causas por las que estas\nadolescentes se encuentran entre las cuatro paredes de un albergue, lejos de\nsus familias, de las familias que no supieron c\u00f3mo protegerlas. Hasta que un\nd\u00eda el Estado decidi\u00f3 que cuidarlas era su deber. Cuando por primera vez pisas\nun albergue, sospechas que las chicas est\u00e9n expiando alguna culpa. Por un largo\ntiempo es lo que ellas tambi\u00e9n creen. No se entiende si las rejas que las\napartan del mundo sirven para impedir a alguien de entrar o de huir. Si son\npara protegerlas de lo que hay afuera o de ellas mismas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Si\nperdieron su vida de antes, fue porque no supieron valorar lo que ten\u00edan,\ndicen. Ninguna que diga que si est\u00e1 ah\u00ed es porque fue ella la que no fue\nquerida y valorada como merec\u00eda. Quiz\u00e1s sea muy pronto para aceptarlo. Quiz\u00e1s les\nresulte m\u00e1s f\u00e1cil pensar que, si esta vez se portan bien, si lo hacen todo como\ndebe ser, nunca m\u00e1s tendr\u00e1n que volver a pasar por el dolor y la soledad. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Estas\nchicas que tienen todas las razones del mundo para estar enojadas con la vida,\nsiempre te reciben con mucha alegr\u00eda. Si tu tez es clara y tu cabello casta\u00f1o,\nte preguntar\u00e1n si eres extranjera y se entusiasmar\u00e1n a\u00fan m\u00e1s. De donde vienen, las\npersonas que ellas conocen se les parecen: son trigue\u00f1as, tienen el pelo negro\ny lacio y ojos oscuros. Porque la pobreza no solo es un estatus social sino que\ntiene color de piel y domicilio. Si eres extranjero, empezar\u00e1n a fantasear\nsobre el lugar de donde vienes. Lo m\u00e1s lejos, mejor. Querr\u00e1n saber c\u00f3mo se\nhabla, c\u00f3mo se come y c\u00f3mo se vive all\u00e1. En ese momento, t\u00fa no eres solo su contacto con la realidad externa,\nsino que una ventana sobre un mundo paralelo en el que, imaginan, habr\u00edan sido\nm\u00e1s felices. O en el que podr\u00edan tener un nuevo inicio. Y cuando se lo\ndescribes y les dices que ese mundo tambi\u00e9n est\u00e1 fregado, pero no tanto, ellas\nexclaman: \u201c\u00a1C\u00f3mo me gustar\u00eda vivir all\u00e1!\u201d <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">Se interesan por ti y buscan en ti\ntodo el cari\u00f1o que puedas dar, porque el que recibieron nunca fue suficiente. Y\nsi t\u00fa te interesas por ellas, se vuelven voraces, casi angurrientas. Abren los\nojos, las manos y los brazos lo m\u00e1s que puedan para que quepa todo el cari\u00f1o\nque est\u00e9s dispuesta a entregarles. Te piden lo que sea: un abrazo, un beso, un\nanillo, para que puedan quedarse con algo tuyo en el momento en que te ir\u00e1s. Y\ncada persona es para ellas una estrella fugaz que alumbra su rutina. Una\npersona m\u00e1s que quiz\u00e1s sea capaz de amarlas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Asombra\npensar que estas chicas puedan necesitar tanto algo que casi no conocen, algo\ncomo el amor. Roberta dice que los problemas en su vida empezaron cuando su\npadrastro se enamor\u00f3&nbsp;de ella. Solo ten\u00eda doce a\u00f1os. Y ahora que tiene\nquince no acaba de entender que la cama en donde se le rob\u00f3 su ni\u00f1ez fue la\nescena de un crimen. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">A estas chicas las llaman \u201cde la calle\u201d.\nPues es aberrante que siendo ni\u00f1as llegaran a pensar que la calle pod\u00eda ser un\nlugar m\u00e1s seguro, o menos peligroso, que su misma casa. Esa casa que ahora\nextra\u00f1an, porque se conformar\u00edan con el espectro del amor de una familia, con\nlas migas que se deslizan de la mesa. Se aferran a algunos pocos recuerdos de\ncaricias y olvidan los golpes de los que llevan las secuelas. El dolor de\nespalda, por ejemplo, m\u00e1s visible, y m\u00e1s soportable, que su alma maltratada.\nPrefieren recordar las veces que se iban a mirar el mar. Daisy lo hac\u00eda cada\nfin de semana, junto con su mam\u00e1. El mar quedaba a unas cuadras de su casa, y\nes lo que m\u00e1s extra\u00f1a. Ahora el mar lo tiene a\u00fan m\u00e1s cerca, puede o\u00edr sus\ncantos, pero no puede ver sus olas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Pero el pasado no las reconforta. De los sue\u00f1os ellas traen las fuerzas para vivir el presente. La \u00fanica raz\u00f3n por la cual no se escapan, por la que Esther, cuando estuvo a punto de saltar del otro lado del muro, decidi\u00f3 detenerse. El mismo motivo por el que aceptan comer h\u00edgado, aunque tap\u00e1ndose la nariz. Y un mill\u00f3n de otras reglas a las que se adaptan para poder seguir ejerciendo derechos que afuera no tendr\u00edan, como el de ir al colegio o de ser curadas cuando se enferman. Son agradecidas e intentan ver su vida sin libertad como una oportunidad. La oportunidad de florecer el d\u00eda que salgan de ah\u00ed, cuando cumplan los dieciocho. Esperando que esa fecha tan deseada y temida no llegue demasiado pronto, que les d\u00e9 el tiempo de por lo menos alcanzar su diploma. O saber bajo qu\u00e9 techo van a vivir. Si alguien m\u00e1s se preocupar\u00e1 por ellas. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 De Daisy me impresion\u00f3 su alegr\u00eda y su cari\u00f1o. Cuando volv\u00ed a verla por segunda vez me llam\u00f3 por mi nombre y, con tal felicidad, que intu\u00ed que hab\u00eda estado esperando mi regreso. 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