{"id":115,"date":"2019-03-10T20:12:38","date_gmt":"2019-03-11T01:12:38","guid":{"rendered":"https:\/\/vidasenprosa.com\/?p=115"},"modified":"2019-11-04T13:06:32","modified_gmt":"2019-11-04T18:06:32","slug":"frutas-y-no-verduras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/vidasenprosa.com\/it\/frutas-y-no-verduras\/","title":{"rendered":"Frutas y no verduras"},"content":{"rendered":"<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">La se\u00f1ora Mar\u00eda vende verduras por la zona de Santa Cruz desde los veintid\u00f3s a\u00f1os. Cuando reci\u00e9n empez\u00f3 era una ambulante, y ten\u00eda su carrito de verduras que d\u00eda y noche jalaba desde el dep\u00f3sito a la calle -que estaba a varias cuadras de distancia- y viceversa. Me lo cuenta mientras est\u00e1 sentada en un banquito, limpiando unas espinacas de la tierra y de las hojas podridas que van cayendo a nuestros pies. Su voz es blanda, un poco ronca por el resfr\u00edo. El pasar del tiempo no se lee en su pelo corto y negro, pero s\u00ed en su rostro marcado por delicadas arrugas que se acent\u00faan cuando dibuja una cansada sonrisa. Es t\u00edmida, mide sus palabras, pero cada una de aquellas es pronunciada con dulzura. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Nos encontramos en el mercado\nmunicipal donde la se\u00f1ora Mar\u00eda trabaja desde hace ya quince a\u00f1os. Ahora ella\ntiene un puesto todo suyo y la ayudan su hijo mayor y su esposo que est\u00e1\njubilado, aunque ella siga siendo la due\u00f1a y el nombre de su tiendecita,\n\u00ab&nbsp;Do\u00f1a Mari&nbsp;\u00bb, no deja espacio a dudas. Hace muchos a\u00f1os ya que la\nse\u00f1ora Mar\u00eda no tiene que cargar su carrito por las calles y ha dejado de ser\nuna ambulante informal. En el mercado puede alistar todo y guardarlo hasta la\nma\u00f1ana siguiente y no tiene que preocuparse ni del sol, ni de la lluvia. El\ntecho la protege a ella y a sus hortalizas de la intemperie, aunque no de la\nfr\u00eda brisa del mar invernal que le causa varios malestares. Es por ello que\nprefiere seguir viviendo en los suburbios, aunque para ir a trabajar demore m\u00e1s\nde dos horas de ruta.  <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Dice que donde vive el clima es\nmucho m\u00e1s templado y que el sol sale m\u00e1s a menudo, pero me pregunto \u00bfen qu\u00e9\nmomento del d\u00eda disfrutar\u00e1 de su calor? Todos los d\u00edas del a\u00f1o, menos los\nferiados -Navidad, Fiestas Patrias, etc\u00e9tera- la se\u00f1ora Mar\u00eda se levanta a las\ntres de la ma\u00f1ana para llegar temprano a La Victoria, donde se re\u00fanen los\nmayoristas que regatean verdura fresquita, entre otras cosas. La se\u00f1ora Mar\u00eda\ncompra la cantidad de verdura que le servir\u00e1 para ese d\u00eda -aunque a veces dura hasta para el\nsiguiente y el subsiguiente- y de ah\u00ed se dirige al mercado para\nacomodar su mercanc\u00eda, dando inicio a un largo d\u00eda de trabajo que no terminar\u00e1\nantes de las siete u ocho de la noche. Llega a su cama cuando todo ya ha oscurecido,\ny cuando se levanta, cuatro horas despu\u00e9s, todo sigue igual de oscuro. Duerme\ncuatro horas al d\u00eda, trabaja 98 horas a la semana. Y esto desde hace m\u00e1s de\ncuarenta a\u00f1os. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La se\u00f1ora Mar\u00eda no tiene ni el\ntiempo de comer las verduras que vende, no recuerda la \u00faltima vez que prob\u00f3 el\nsabor de una vainita. A la hora de almuerzo se va a comprar un men\u00fa barato en\nel puesto de comida de al lado, pero su plato casi nunca se ti\u00f1e de verde;\nmucho blanco, un poco de amarillo\u2026 arroz, papa y la infaltable presa de pollo o\ncarne. En la noche casi nunca come, est\u00e1 demasiado cansada para ponerse a\ncocinar. Es un duro trabajo el suyo, pero es gracias a este negocio que pudo\nhacer estudiar a sus dos hijos. La mayor tiene un t\u00edtulo de contadora, pero la\nsangre de vendedora le venci\u00f3, y ahora ella tambi\u00e9n trabaja en el mercado- en el mismo pasadizo de su mam\u00e1- en un puesto de especias, quesos y\nhuevos. Pedro, el menor, la acompa\u00f1a y la ayuda en el puesto de verduras. Ambos\nya son adultos y tienen su propios hijos. La hija de Pedro se llama Almendra y\nen algunos a\u00f1os probablemente se reir\u00e1 por el alivio de no llamarse Lechuga.\nTiene seis a\u00f1os, el cabello y los ojos negros como el pap\u00e1 y la abuela. Le\nfaltan los dos primeros incisivos, pero eso no le impide sonre\u00edr todo el tiempo\nante la c\u00e1mara. Le gusta deslizarse por el piso dentro de una caja de verduras\nvac\u00eda, o correr tras ella empuj\u00e1ndola, mientras su pap\u00e1 le grita que pare de\nmoverse tanto porque fastidia a los clientes. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-color has-very-dark-gray-color\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La se\u00f1ora Mar\u00eda no se arrepiente de la vida que ha tenido, no puede imaginar una distinta. No sabr\u00eda de qu\u00e9 otra manera emplear su tiempo y, de hecho, nunca tuvo el tiempo de averiguarlo. No se arrepiente de casi nada, pero quiz\u00e1s de algo s\u00ed. En vez de ser verdulera habr\u00eda podido vender fruta, lo cual -me cuenta- es mucho menos trabajoso. La fruta viene lista para venderse, ya limpia, ya brillante, la expones y puedes esperar sentada a que el cliente se acerque. La verdura viene con tierra, hay que limpiarla, lavarla, cuando llegas y antes de guardarla. Hay que regarla con agua para que mantenga su frescura. La se\u00f1ora Mar\u00eda siempre tiene algo que hacer, alguna ra\u00edz que cortar, alguna acelga que deshojar\u2026 Hay que barrer lo que se ha ensuciado, el barro que se ha creado. S\u00ed, nadie sospechar\u00eda que un br\u00f3coli requiere m\u00e1s atenci\u00f3n que una pera. Que en los mercados, los fruteros son los que se llevan la vida f\u00e1cil. Una vez cada tanto hasta pueden meterle diente a una de sus manzanas. <\/p>\n\n\n\n<p>E.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La se\u00f1ora Mar\u00eda vende verduras por la zona de Santa Cruz desde los veintid\u00f3s a\u00f1os. Cuando reci\u00e9n empez\u00f3 era una ambulante, y ten\u00eda su carrito de verduras que d\u00eda y noche jalaba desde el dep\u00f3sito a la calle -que estaba a varias cuadras de distancia- y viceversa. 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